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Wonder Woman contra el Síndrome de Trinity

Hoy he quedado con mis amigos para ir al cine y hemos visto Wonder Woman. No íbamos con grandes expectativas, pero esta es una de esas películas que hay que ver porque todo el mundo las ve.


Yo ya cuando veo una americanada de estas me planteo si es susceptible de protagonizar una de mis críticas de triunfa el hamor, donde hago un poco de mofa de las incongruencias de la trama, los tópicos y estas cosillas. Wonder Woman tal vez podría haberlo sido (tal vez casi cualquier película pueda llegar a serlo), pero creo que tiene otras cosas mucho más interesantes de las que hablar.

Yo le he puesto un 7 en Filmaffinity y soy un firme defensor de la subjetividad en la valoración de las películas. Yo no estoy puntuándola como obra de arte, ni como evento cultural, ni como espectáculo de entretenimiento… Es más bien un poco de todo. Seguro que tengo alguna película mala con una buena puntuación (por el motivo que sea: un actor que me encanta, un tema que me interesa, un buen recuerdo que tengo asociado a ella…) y, al revés, también tendré películas buenas con mala puntuación (ok, será una obra maestra, pero cuando yo la vi, en mi contexto, no fue todo lo que prometía).

Y, diantres, Wonder Woman tiene planos muy bonitos. La estética en general está muy bien. Ya va siendo hora, también os digo, de que hagamos más películas de la I Guerra Mundial, que la Segunda y la Civil las tenemos más machacaditas. Me gusta la isla esa en la que viven, el avión grandote del final, la pinta de Elena Anaya…

A principios de este año, Sara Flores, una muchacha con muy buena intención emprendió una campaña por que la RAE retirara del diccionario su definición de «sexo débil», que define como «conjunto de las mujeres».

En Twitter ya defendí mi oposición rotunda a que esta definición desapareza del diccionario. La RAE parece que ya para su próxima edición incluirán una etiqueta advirtiendo de lo inapropiado del término (ya era hora), pero en la versión web aún (julio de 2017) está la definición a palo seco (muy mal).

Es ridículo pensar que, por quitar una entrada del diccionario, los hablantes vamos a dejar de usarla, como si se borrara mágicamente de nuestras mentes. Esa definición debe seguir ahí porque la gente o bien la seguirá usando o bien se la seguirá encontrando en documentos de cuando sí se decía.

Las generaciones venideras necesitan poder entender un texto en el que aparezca «sexo débil» y tienen que saber que se refería al sexo femenino. Etiqueta de que es discriminatorio, genial. Etiqueta de que está en desuso, ojalá. Que los casos atestiguados sean tan pocos y tan irrelevantes que acabe desapareciendo del diccionario, ojalísima. Pero de momento la necesitamos ahí.

Borrar el machismo de la Historia es propio de un revisionismo orwelliano que da muy mal rollo, una manipulación de la historia y del lenguaje que no le deseo a ninguna sociedad. Invisibilizar la opresión no puede traer nada bueno.

Y todo esto viene a que es posible que, efectivamente, las generaciones venideras no entiendan el machismo, el racismo o la homofobia. Aunque quede mucho por andar en todos estos temas, hemos avanzado y eso es motivo de un atisbo de alegría.

Hace ya unos años, alguien de Twitter (no recuerdo quién eras, lo siento) comentó la siguiente escena: Este tuitero estaba viendo la tele con su hija pequeña (4 o 5 años) y salían imágenes de la boda de Pedro Zerolo. El padre aprovechó para comentar con su hija «¿Sabías que antes dos chicos no podían casarse?». La niña se giró sorprendida y preguntó «¿Por qué!».

Mi generación carga con mucha menos homofobia que la de mis padres, pero la de esa niña sale con mucha menos que la nuestra. A esta niña habrá que explicarle (no sé si este tuitero lo hizo en aquel momento) cómo eran las cosas antes, hablarle de cuando el matrimonio no era igualitario y quizás también de cuando había un sexo débil.

Yo mismo me descubrí en una parecida siendo ya mayorcito (veintimuchos) viendo 11.22.63, una serie sobre el asesinado de Kennedy en 1963. En ella una mujer va a una gasolinera a llenar el depósito y el encargado se niega a atenderla. Yo no entendía por qué. Me parecía demasiado sexista incluso para los 60. Tardé todavía unos segundos en darme cuenta de que el problema no era el sexo, sino la raza: el encargado no servía a negros para no perder su buena reputación. Y si para mí esa clase de discriminación queda tan lejos, ¿cómo de lejos no quedará para la hija de ese tuitero?

Y aquí llega Wonder Woman, película muy esperada por el feminismo, la primera gran superproducción de superhéroes con protagonista femenina. Hay quien la ha criticado por ser demasiado mala (como casi todas las pelis de superhéroes) y quien ha salido en su defensa arguyendo que a las mujeres (y a las películas de mujeres) se les exige siempre más.


Mi opinión: no es una obra maestra (aunque es mucho mejor que su predecesora Batman v. Superman), pero tiene ciertas prendas.

Y sí, podemos decir que tiene un espíritu feminsita (aunque se quede corta, nunca se puede tener todo, desde SubetealaNutria seguimos rezando por una Wonder Woman chubby y sin depilar) que se manfiesta de varias formas: Por supuesto que pasa el Test de Bechdel, la protagonista es una mujer fuerte e independiente y huye (acaso invierte) el temido Síndrome de Trinity.

El Síndrome de Trinity aqueja a varias coprotagonistas femeninas como Trinity de Matrix, Hermione de Harry Potter, Lucy de la Legopelícula, la Tigresa de Kung Fu Panda, Nala de El Rey León o Hit Girl de Kick Ass. Todas ellas son mujeres fuertes, independientes, inteligentes, sensatas, poderosas y han dedicado un enorme esfuerzo a hacer el bien, pero de repente llegan sus coprotagonistas masculinos (que, por lo que sea, son algo así como elegidos, ungidos, predestinados, etc) y sin tanto esfuerzo ni tanto compromiso consiguen ser más poderosos y resolver la situación.

En Wonder Woman es Wonder Woman la que llega “caída del cielo” y es “la elegida”, a pesar de todo lo que ha luchado el chico por parar la Guerra. Sin embargo tampoco podemos decir que no se lo haya currado la muchacha, eh, que el entrenamiento por el que pasó fue muy duro.

Otra de las grandes ideas es lo bien aprovechada que está la historia de Wonder Woman para darle a la película una perspectiva de género. Para quien no lo sepa, Wonder Woman es una amazona que ha vivido feliz toda su vida en la isla mágica de las amazonas donde no hay hombres. Ella se cría en una burbuja y cuando llega al mundo real, se encuentra con la sociedad de principios del siglo XX y tiene que ir descubriendo por sí misma toda la mierda que esconde.

¿Os suena de algo? Wonder Woman es esa niña que pregunta que por qué no se pueden casar dos chicos, que por qué no le llenan el depósito a esta buena señora y que por qué pone aquí «sexo débil» y que el sexo débil cuál es.

Para muchos niños esta habrá sido una de sus primeras películas de superhéroes. Para muchos niños el viaje de Wonder Woman es su propio viaje fuera de su burbuja: descubrir la opresión, el feminismo y sus primeras gafas moradas. Lástima que esta película transcurra casi por completo durante la I Guerra Mundial, porque yo tengo ganas de ver a esta Wonder Woman en nuestro mundo actual.

Es cierto que esta clase de superproducciones son productos muy precocinados, muy plegados a las exigencias del mercado y con poco margen para la creatividad, pero si querían hacer algo un poco más feminista, creo que lo han conseguido y muy bien. ¿Podría serlo más? Por supuesto, pero es Hollywood, no podemos pedirle peras al olmo. ¿Podría serlo menos? También. Por eso (y porque es muy entretenida), Wonder Woman tiene mis sietes

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