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La inquietante noche americana

En cine hay una técnica para rodar escenas a plena luz del día y que parezca de noche. Se llama la “noche americana” (day for night en inglés) y consiste en filmar los planos con un filtro azul en la cámara.

Si han visto películas un poco antiguas o un poco cutres, sabrán a qué me refiero. Planos muy azulados, muy falsos, con sombras muy marcadas y, en definitiva, muy poco reales.

Sucede que antaño las cámaras no eran tan sensibles como las que se fabrican ahora y rodar de noche era una tarea complicada, por eso la nuit américaine era tan útil. Además, las películas en las que se ha usado la noche americana están dirigidas a un público no demasiado crítico, ¿verdad? Son para gente que no se va a dar cuenta del truco. Si hemos dicho que se usaba en películas un poco antiguas o un poco cutres, es porque los espectadores serán o un poco antiguos o un poco cutres. Vamos, que ni se van a dar cuenta. El efecto simula la noche, los espectadores no se dan cuenta y todos tan contentos.

Hoy en día es imposible encontrar producciones en las que se use la noche americana. Ahora la tecnología permite rodar con mucha menos luz y podemos prescindir de técnicas tan burdas como la noche americana. Para rodar una escena nocturna, basta con la iluminación del alumbrado público y la luz artificial, diegética y extradiegética.

Los elementos diegéticos son los que están dentro de lo que sucede en la película. Es decir, la iluminación diegética es la que los personajes saben que está ahí, como por ejemplo una farola, una linterna o una vela que ellos u otros seres de su mundo han encendido.

Los elementos extradiegéticos son los que están fuera de la historia, pero que son parte de la narración. Es decir, la iluminación extradiegética sería un foco que se pone en un castillo medieval, porque las velas no son suficientes para iluminar la estancia. Es un truco para el espectador. Los personajes no saben que ese foco está ahí, pues en su mundo sólo hay velas.

Esto es importante porque para simular la noche suele hacer falta un “extra” de iluminación. Con la luz de una sola farola no basta para rodar una escena de gángsters, hay que añadir luz extradiegética. Y el problema es aún mayor cuando hay que iluminar lugares en los que no hay farolas ni luz artificial diegética, como por ejemplo, un bosque.

En estos casos se opta por una solución que, como de momento carece de nombre, vamos a bautizarla temporalmente como noche moderna. La noche moderna consiste en colocar fuera del plano focos de luz artificial. Esta luz no es directa, pero ilumina lo suficiente como para que se pueda rodar cómodamente. Es decir, se trata de iluminar el bosque con una luz extradiegética cuyas fuentes, obviamente, permanecen fuera del plano en todo momento. Éste es el resultado.

[Edito: el ejemplo del último link, que era muy acertado, ya no está en YouTube. No he conseguido encontrarlo de nuevo, ni siquiera un sucedáneo de la misma calidad. Éste tráiler, que contiene varias escenas de la serie Expediente X, contiene muchos planos exteriores nocturnos, rodados con esta noche moderna. Duran pocos fotogramas, pero hay muchos ejemplos.]

Mucho mejor, ¿verdad? La noche moderna es una técnica infinitamente más real que la noche americana.

Yo opinaba que sí, hasta que un día cambié de opinión. El punto de inflexión fue una noche de luna llena en la que estuve en una playa bastante alejada de la luz natural. La luz de la luna es blanquecina y azulada y proyecta sombras como las del sol. En aquel momento pensé “¡Qué gracioso! ¡Parece que la realidad está rodada con noche americana!”. La vida moderna me ha mantenido casi siempre rodeado de luz artificial: flexos, farolas, coches… Muy pocas veces en mi vida he estado de noche lejos de esas fuentes de iluminación. Y resulta que un día, de repente, descubro que la realidad se parece bastante a la noche americana.

¡Pobres cineastas! La noche americana es bastante fiel a lo que sería la iluminación de una noche de luna llena y yo me he reído de su efecto, me ha parecido viejo, cutre e inverosímil. Resulta que a mí (y al resto de la gente en general) nos parece más creíble que en mitad del bosque haya iluminación artificial (aunque ésta sea lejana y nunca se llegue a ver) que la azulada noche americana.

A estas alturas poco importa cómo sea realmente la realidad, lo importante es cómo nos parece más real a nosotros. La primera cuestión que se me plantea es: ¿La noche moderna nos parece más real que la noche americana porque vivimos en núcleos urbanos bien iluminados o porque la tele nos ha enseñado que así debe ser la noche en medio de un bosque? ¿Preferimos la noche moderna por nuestra experiencia personal o por una educación audiovisual?

Al fin y al cabo ambos métodos son falsos, en el sentido de que no representan fielmente la realidad y, sin embargo, ambos tuvieron que empezar como una aproximación lo más fiel posible.

Si el arte siempre había sido la pura imitación de la naturaleza, resulta que yo pertenezco a una generación que lo ve al revés. Yo he estado en cuevas que me recordaban a mundos del Final Fantasy, he vivido situaciones en mi vida diaria que ya conocía a través de sitcoms y al ver la luz de la luna llena, he pensado en la noche americana.

La realidad ya no es realidad si no ha sido previamente virtualizada, lo artístico va antes que lo natural, la recreación precede al objeto recreado y la experiencia mediatizada siempre es más abundante que la experiencia sensorial.

El audiovisual tiene más poder del que nos imaginamos.

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