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En Passengers triunfa el HAMOR

El hamor es algo bellísimo, que no tiene límites espaciales ni temporales y puede triunfar lo mismo en Notting Hill que en los inmensos vacíos galácticos.

ESPÓILERES DESDE YA.

passengers

Hoy vamos a hablar de una película muy bonita que nos hace reflexionar pero que también nos emociona los sentimientos, que son muy importantes. Se trata nada más y nada menos que de Passengers. Protagonizada por Jennifer Lawrence, Chris Pratt, Morfeo y un roboz.

El filme nos habla de un futuro indeterminado en el que, gracias a grandes empresas, la humanidad está colonizando planetas lejanos. Pero las compañías del futuro no son como las actuales. Las compañías del futuro son gigantescas empresas todopoderosas con las que la gente se endeuda de por vida y que no dudan en recortar en seguridad con tal de abaratar costes. En el futuro uno no se puede fiar de ellas porque te la lían parda y ese es el desencadenante de nuestra historia.

Chris Pratt, que ya nos maravilló haciendo de César Millán en Jurassic World, despierta de una hibernación en una enorme nave espacial con forma de baticao. Hasta aquí todo ok, pero le quedan 80 años para llegar al destino y así a primera vista a Chris Pratt le echas unos 30 por lo menos. Hagamos cuentas: 30 años que tiene + 80 que le quedan = 110 que tendrá cuando lleguen al planeta de destino. El tío va a llegar moñeco moñeco A NO SER que vuelva a la hibernación.

No vamos a decir que no lo intente, porque sí que intenta cosas, pero también diremos que pierde mucho tiempo en un bar que hay y bailando en la Wii del futuro. Sabemos que pasa mucho tiempo porque se va dejando se va dejando. Al cabo de un año tiene unas barbas de profeta que parece Ignatius Farray. Pero claro, a él le da un poco igual, porque total nadie va a verle por la nave: están todos hibernando. Y menos mal que es Chris Pratt el primero en despertar, porque si llega a ser Jennifer Lawrence, por exigencias simétricas del guion, le tocaría estar un año sin depilarse (para que los espectadores entendiéramos el paso del tiempo) y tendría pelos en las piernas, en los sobaquillos y a lo mejor hasta un poco de bigotillo. Pero como todos sabemos, esas cosas no se pueden sacar en el cine porque van en contra de la Primera Enmienda, me parece. “No sacarás mujeres sin depilar en las películas, aunque lleven 20 años encerradas, maniatadas y sin contacto con nadie. Se habrán hecho la depilación láser o algo de eso. Sí, aunque sea la Europa Medieval. Me da igual. Hazme caso. Soy la primera enmienda. Qué sabrás tú, alfeñique”.

Al cabo de un año nuestro protagonista se da cuenta, más o menos, de que lo tiene chungo para volver a hibernar y un día dándose un paseo entre la gente hibernada ve a Jennifer Lawrence, que es una muchacha pues muy riquiña, ¿qué queréis que os diga? Y así tan limpita en su cápsulita de hibernación pues tiene un enamorar rápido.

Pero el César Millán de los velocirraptores no es un hombre superficial que solo la quiere por su físico. No. Él le mira antes el perfil del Facebook y ve que la chavala es escritora, filosóficamente salerosa y serenamente vivaz. O sea, que no se enamora porque esté buena, se enamora porque es muy inteligente y ha escrito un libro y se siente muy identificado. Y claro, con todo ese amor, pues decide despertarla.

¿Que también podría haber mirado otras candidatas a despertarse? No te digo yo que no, pero no serían Jennifer Lawrence y habría que pagar a más actores, que solo salen cuatro pero cobran cacheses muy elevados. ¿Que también podría haber salido bollera la Jenny? Ah, pues eso a lo mejor no lo hemos pensado, Chris Pratt. Eh. Chris Pratt. Tan listo para unas cosas y tan tonto para otras, Chris Pratt.

Así que, en fin, la despierta y, claro, la chica también pasa unos días de a ver cómo lo solucionamos, a ver cómo volvemos a la hibernación, pero como todo eso ya lo hemos visto con Chris Pratt pues los guionistas hacen una elipsis y rapidito tenemos a una Jennifer Lawrence resignada a vivir en la nave con Chris Pratt que era lo que todos queríamos desde un principio (porque veníamos al cine habiendo visto el tráiler y ya estaban tardando en salir Jennifer Lawrence y el amor).

Y bueno, como no hay mucho que hacer, pues juegan juntos a la Wii y van al bar y ya un día que se aburren mucho hacen un paseo espacial y ya de vuelta se les ocurre follar. ¿Qué van a hacer ahí 80 años encerrados? Pues follar. Y hay que decirlo. No vamos a ser mojigatos a estas alturas. Y ya puestos, abordemos un tema que la película no deja claro del todo. Al follar, ¿no se queda embarazada Jennifer Lawrence? ¿O es que tienen suministros de condones para 80 años (que no creo)? ¿O es que a Chris Pratt le ha hecho la vasectomía un velocirráptor (un poco más probable, pero tampoco mucho)? ¿O es que el Método Ogino funciona por una vez (niños, no probarlo en casa)? ¿O es que ejercen la saludabilísima y poco reconocida práctica del sexo interfemoral (búscalo en google si quieres)? ¿O es que estaban siguiendo las especificaciones de la Segunda Enmienda? “Cuando dos echen un quiqui, ninguno se preocupará nunca por el método anticonceptivo, ni se hará mención alguna a él, ni se mostrará en plano, ni nada, no sea que parezca sexo del que tiene la gente”.

De aquí pasamos directamente a la Tercera Enmienda que dice (esto hay que leerlo con voz como de Dios dictándoselo a Moisés, que no sé si lo estáis haciendo bien): “Después del quiqui, la chica se tapará las tetas porque tetas durante el quiqui vale, pero tetas durante otras actividades es una ordinariez, a no ser que sean las tetas de un tío que entonces todo ok”.

Ah. También está muy bien haber despertado a Jennifer Lawrence porque es como la Rose del Titanic, ella iba en primera clase, no como César Millán, que iba en clase turista. Así que pueden desayunar frutitas y cosas chachis, no el salvado que tenía que tomar César Millán por obligación.

Y viven muy felices follando y jugando a la Wii del futuro, pero no olvidemos que en las películas de amor siempre hay tres fases: (1) la luna de miel, (2) la discusión de la hostia y (3) la reconciliación con acto de amor de la hostia. Así que tarde o temprano se van a enfadar.

Y tú te preguntarás, querido espectador, ¿cómo se van a enfadar el uno con el otro con todo lo que se quieren? ¿Cómo es esto posible? Hombre, pues porque Chris Pratt ha despertado a Jennifer Lawrence y la ha obligado a pasar el resto de la vida a solas con él. Pero eso ella no lo sabe. Solo lo sabe una persona y es un roboz: el roboz que trabaja de camarero en el bar, un tipo tan filosófico como electrónico. Este es un roboz que en principio parece que no se entera de nada, pero que luego, menudo pájaro, le falta tiempo para soltarle a Jennifer Lawrence que Chris Pratt la ha despertado para frungir con ella los próximos 90 años.

Y Jennifer Lawrence, que tonta no es, se enfada e incluso le agrede físicamente, para que veamos que no es una mujer indefensa. Y le hace el vacío y se vuelve runner (dato importante). Si yo no sé cómo no lo mata, porque el tío es un malaje, no me jodas. A mí lo que me hubiera gustado es que lo matara, se pasara un año sola jugando a la Wii del futuro, y acabara decidiendo despertar a algún macizo para follárselo. El macizo acabaría enterándose y matando a Jennifer Lawrence, claro. Luego pasaría un año aburrido hasta que se le ocurriría despertar a una maciza para follar. Y así continuaría el ciclo de follar-crimen-follar-crimen hasta llegar al planeta ese. Al final solo quedarían los más feos de todos, los lefties, los que nadie quería follarse. Y el planeta colonizado parecería una película de Javier Fesser. Años más tarde llegarían otra vez los humanos y pensarían que son una raza de orcos.

Pero eso no pasa en la película, solo en mi imaginación. En la película pasa otra cosa que la voy a contar: se despierta una tercera persona: Morfeo. Que por suerte es miembro de la tripulación (no un simple pasajero) y tiene acceso a cosas reservadas que no tenían los otros. Se despierta y les dice:

Vamos a ver, pollitos, la que me habéis liao, que me habéis plantao un árbol en medio la nave.

Porque le plantan un árbol en medio de la nave que no lo había dicho que no se sabe de dónde lo han sacado. También les dice:

—Vamos a ver, pollitos, que tenemos que reparar la nave que tiene unos fallos la nave y esto va a ir a más y vamos a morir todos si no lo arreglamos.

Los pollitos aceptan y en ese momento le da un vahído a Morfeo y tienen que llevarlo a la enfermería, que, gracias a Dios, está toda automatizada, porque claro, no se ha despertado ningún enfermero. Entonces hay un máquina que le dice:

—Ay, Morfeo, Morfeo, estás hecho un Christopher. Vas a morir en pocas horas, lo sepas.

Al parecer su cápsula de hibernación funcionaba muy malamente y a saber qué le había metido en el cuerpo. Y dice Morfeo:

—Amigos, los últimos 12 minutos que he pasado con vosotros me han dejado mucha huella. Y os encomiendo la misión de cuidar el uno del otro, sí sí, aunque estéis enfadaos, hay que quererse. También os doy mi llave de acceso a las cosas para que reparéis lo que está roto, que no sabemos qué es, pero que tenéis que arreglarlo o moriréis todos.

Y fenece.

Entonces Jennifer Lawrence y Chris Pratt se ponen a buscar por la nave qué es lo que está roto y descubren una avería bien gorda. En esta parte descubrimos que Jennifer Lawrence será muy de alta alcurnia, muy clase oro y todo lo que tú quieras, pero no tiene ni idea de la ingeniería. Claro, la mujer es una periodista ensoñadora, una niña bien que ha pillado un billete de ida y vuelta para buscar aventurillas espaciales. Mientras que Chris Pratt es lo contrario. Vale, puede que sea un perro callejero de los suburbios que ha conseguido el billete con un descuento de Groupon, pero sabe cómo se arreglan los roboces y las cosas de la nave.

Así que cuando llegan al meollo del problema ven que la única manera de arreglarlo es salir por fuera de la nave, al vacío del interestelaje y jugarse la vida. Chris Pratt, que así de primeras tiene más iniciativa, más ímpetu arrebatador, decide que sale él y, mientras, Jennifer Lawrcence solo tiene que quedarse dentro y dar a un botón, que ya me dirás tú qué complicación entraña eso.

Chris Pratt sale fuera, Jennifer le da al botón y, contra todo pronóstico, Chris Pratt no se muere a la primera, sino que queda flotando a la deriva en el espacio. Así que Jennifer Lawrence, que ve cómo se ha sacrificado por ella, decide que le perdona. Al fin y al cabo, qué más dará haberle arrebatado su vida por completo, en el fondo no es mal tipo.

Aquí hay un paralelismo con la Bella y la Bestia. Vale que Bestia rapta a Bella y la maltrata un poquitito, pero después de convivir un tiempo, Bella ve que no es tan malo y le da una oportunidad. Otra reflexión es decidir qué es más sacrificio, si morirse en el espacio o pasar 80 años jugando a la Wii del futuro. La película no deja en ningún momento de retarnos intelectualmente.

Y la cosa no es solo que lo perdone, sino que la propia Jennifer Lawrence, en un alarde de singular arrojo, se calza ella misma el otro traje espacial y se lanza al vacío espacial a buscarlo. Consigue traerlo de vuelta sano y salvo pero muerto. Es lo que tiene el espacio en esta época del año, que es muy frío y muy interestelar y eso como no vayas bien abrigado te puede pasar como a los niños de los anuncios que salen a la calle sin haberse tomado el actimel, que están como transparentes en medio de las inclemencias porque se van a coger una pulmonía.

Jennifer lleva a Bestia a la enfermería automatizada esta y mirando en la tablet con la que se maneja descubre un botón que pone revivir. Y piensa: ¿lo doy o no lo doy? Venga, lo doy. Y el tío revive. Y se ponen muy contentos porque se quieren y se aman.

Ahora toca rehacer sus vidas. César se pone a investigar la máquina de resurrección, porque es un hábil mecánico sediento de saberes técnicos, y Jennifer Lawrence se va a maquillar al camarero, porque es una tía.

Y luego se encuentran por ahí y le dice:

—Pues yo he maquillado al camarero.

—Pues yo he descubierto que la máquina de resurrección de la enfermería podría devolvernos a uno de los dos al estado de hibernación y mantenerlo con vida hasta que la nave llegue a su destino.

—Uy, qué me dices.

—Lo que oyes. Y mira, por lo que sea, llámame loco, no puedo evitar sentirme un poquín culpable, así que he pensado que si quieres te meto a ti en hibernación y yo me quedo por aquí el resto de mi vida dejándome la barba.

—Oh, qué gesto tan hermoso y caballeresco. Solo por el detalle, ya te perdono del todo y me quedaré contigo el resto del viaje.

—No esperaba menos. Hala. A follar.

LO MEJOR: La escena en la que Jennifer Lawrence está haciendo unos largos en la piscina y se va la gravedad artificial (que en esta película se va como cuando se va el wifi: sin avisar y con dramáticas consecuencias).

LO PEOR: Que triunfe el hamor.

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