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Wonder Woman contra el Síndrome de Trinity

Hoy he quedado con mis amigos para ir al cine y hemos visto Wonder Woman. No íbamos con grandes expectativas, pero esta es una de esas películas que hay que ver porque todo el mundo las ve.


Yo ya cuando veo una americanada de estas me planteo si es susceptible de protagonizar una de mis críticas de triunfa el hamor, donde hago un poco de mofa de las incongruencias de la trama, los tópicos y estas cosillas. Wonder Woman tal vez podría haberlo sido (tal vez casi cualquier película pueda llegar a serlo), pero creo que tiene otras cosas mucho más interesantes de las que hablar.

Yo le he puesto un 7 en Filmaffinity y soy un firme defensor de la subjetividad en la valoración de las películas. Yo no estoy puntuándola como obra de arte, ni como evento cultural, ni como espectáculo de entretenimiento… Es más bien un poco de todo. Seguro que tengo alguna película mala con una buena puntuación (por el motivo que sea: un actor que me encanta, un tema que me interesa, un buen recuerdo que tengo asociado a ella…) y, al revés, también tendré películas buenas con mala puntuación (ok, será una obra maestra, pero cuando yo la vi, en mi contexto, no fue todo lo que prometía).

Y, diantres, Wonder Woman tiene planos muy bonitos. La estética en general está muy bien. Ya va siendo hora, también os digo, de que hagamos más películas de la I Guerra Mundial, que la Segunda y la Civil las tenemos más machacaditas. Me gusta la isla esa en la que viven, el avión grandote del final, la pinta de Elena Anaya…

A principios de este año, Sara Flores, una muchacha con muy buena intención emprendió una campaña por que la RAE retirara del diccionario su definición de «sexo débil», que define como «conjunto de las mujeres».

En Twitter ya defendí mi oposición rotunda a que esta definición desapareza del diccionario. La RAE parece que ya para su próxima edición incluirán una etiqueta advirtiendo de lo inapropiado del término (ya era hora), pero en la versión web aún (julio de 2017) está la definición a palo seco (muy mal).

Es ridículo pensar que, por quitar una entrada del diccionario, los hablantes vamos a dejar de usarla, como si se borrara mágicamente de nuestras mentes. Esa definición debe seguir ahí porque la gente o bien la seguirá usando o bien se la seguirá encontrando en documentos de cuando sí se decía.

Las generaciones venideras necesitan poder entender un texto en el que aparezca «sexo débil» y tienen que saber que se refería al sexo femenino. Etiqueta de que es discriminatorio, genial. Etiqueta de que está en desuso, ojalá. Que los casos atestiguados sean tan pocos y tan irrelevantes que acabe desapareciendo del diccionario, ojalísima. Pero de momento la necesitamos ahí.

Borrar el machismo de la Historia es propio de un revisionismo orwelliano que da muy mal rollo, una manipulación de la historia y del lenguaje que no le deseo a ninguna sociedad. Invisibilizar la opresión no puede traer nada bueno.

Y todo esto viene a que es posible que, efectivamente, las generaciones venideras no entiendan el machismo, el racismo o la homofobia. Aunque quede mucho por andar en todos estos temas, hemos avanzado y eso es motivo de un atisbo de alegría.

Hace ya unos años, alguien de Twitter (no recuerdo quién eras, lo siento) comentó la siguiente escena: Este tuitero estaba viendo la tele con su hija pequeña (4 o 5 años) y salían imágenes de la boda de Pedro Zerolo. El padre aprovechó para comentar con su hija «¿Sabías que antes dos chicos no podían casarse?». La niña se giró sorprendida y preguntó «¿Por qué!».

Mi generación carga con mucha menos homofobia que la de mis padres, pero la de esa niña sale con mucha menos que la nuestra. A esta niña habrá que explicarle (no sé si este tuitero lo hizo en aquel momento) cómo eran las cosas antes, hablarle de cuando el matrimonio no era igualitario y quizás también de cuando había un sexo débil.

Yo mismo me descubrí en una parecida siendo ya mayorcito (veintimuchos) viendo 11.22.63, una serie sobre el asesinado de Kennedy en 1963. En ella una mujer va a una gasolinera a llenar el depósito y el encargado se niega a atenderla. Yo no entendía por qué. Me parecía demasiado sexista incluso para los 60. Tardé todavía unos segundos en darme cuenta de que el problema no era el sexo, sino la raza: el encargado no servía a negros para no perder su buena reputación. Y si para mí esa clase de discriminación queda tan lejos, ¿cómo de lejos no quedará para la hija de ese tuitero?

Y aquí llega Wonder Woman, película muy esperada por el feminismo, la primera gran superproducción de superhéroes con protagonista femenina. Hay quien la ha criticado por ser demasiado mala (como casi todas las pelis de superhéroes) y quien ha salido en su defensa arguyendo que a las mujeres (y a las películas de mujeres) se les exige siempre más.


Mi opinión: no es una obra maestra (aunque es mucho mejor que su predecesora Batman v. Superman), pero tiene ciertas prendas.

Y sí, podemos decir que tiene un espíritu feminsita (aunque se quede corta, nunca se puede tener todo, desde SubetealaNutria seguimos rezando por una Wonder Woman chubby y sin depilar) que se manfiesta de varias formas: Por supuesto que pasa el Test de Bechdel, la protagonista es una mujer fuerte e independiente y huye (acaso invierte) el temido Síndrome de Trinity.

El Síndrome de Trinity aqueja a varias coprotagonistas femeninas como Trinity de Matrix, Hermione de Harry Potter, Lucy de la Legopelícula, la Tigresa de Kung Fu Panda, Nala de El Rey León o Hit Girl de Kick Ass. Todas ellas son mujeres fuertes, independientes, inteligentes, sensatas, poderosas y han dedicado un enorme esfuerzo a hacer el bien, pero de repente llegan sus coprotagonistas masculinos (que, por lo que sea, son algo así como elegidos, ungidos, predestinados, etc) y sin tanto esfuerzo ni tanto compromiso consiguen ser más poderosos y resolver la situación.

En Wonder Woman es Wonder Woman la que llega “caída del cielo” y es “la elegida”, a pesar de todo lo que ha luchado el chico por parar la Guerra. Sin embargo tampoco podemos decir que no se lo haya currado la muchacha, eh, que el entrenamiento por el que pasó fue muy duro.

Otra de las grandes ideas es lo bien aprovechada que está la historia de Wonder Woman para darle a la película una perspectiva de género. Para quien no lo sepa, Wonder Woman es una amazona que ha vivido feliz toda su vida en la isla mágica de las amazonas donde no hay hombres. Ella se cría en una burbuja y cuando llega al mundo real, se encuentra con la sociedad de principios del siglo XX y tiene que ir descubriendo por sí misma toda la mierda que esconde.

¿Os suena de algo? Wonder Woman es esa niña que pregunta que por qué no se pueden casar dos chicos, que por qué no le llenan el depósito a esta buena señora y que por qué pone aquí «sexo débil» y que el sexo débil cuál es.

Para muchos niños esta habrá sido una de sus primeras películas de superhéroes. Para muchos niños el viaje de Wonder Woman es su propio viaje fuera de su burbuja: descubrir la opresión, el feminismo y sus primeras gafas moradas. Lástima que esta película transcurra casi por completo durante la I Guerra Mundial, porque yo tengo ganas de ver a esta Wonder Woman en nuestro mundo actual.

Es cierto que esta clase de superproducciones son productos muy precocinados, muy plegados a las exigencias del mercado y con poco margen para la creatividad, pero si querían hacer algo un poco más feminista, creo que lo han conseguido y muy bien. ¿Podría serlo más? Por supuesto, pero es Hollywood, no podemos pedirle peras al olmo. ¿Podría serlo menos? También. Por eso (y porque es muy entretenida), Wonder Woman tiene mis sietes

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Destripando Westworld

Esto no va de Westworld. Esto no va de robots. Esto no va de personas que se encuentran a sí mismas en una vorágine de violencia. Ojalá pudiera dar una idea más conexa y menos deslavazada sobre mis impresiones de esta serie de HBO, pero tengo demasiados frentes abiertos. Este post va de por qué Westworld mola y ya está.

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No es mi intención analizar Westworld como una obra completa, fijándome en cada apartado técnico y creativo. Sobre eso, ya hay mucho dicho. Este post trata los temas presentes en esta obra pero contiene detalles menores de la trama.

DEL ANTIGUO TESTAMENTO A BIG HERO 6

Me alegra mucho ver que la ciencia ficción está vigorosa y de moda entre todo tipo de públicos. No hay que remontarse tan atrás para verla relegada al ostracismo de las revistas pulp, la literatura juvenil y la serie b. Eso sí, cabe la posibilidad, y lo digo con todo el miedo del mundo, de que este género sea el único género relevante.

Tenemos muchos temas recurrentes en la ciencia ficción: el espacio, los extraterrestres, los robots, los viajes en el tiempo… Pero si hay algo que une a todos ellos es el protagonismo de la ciencia y, siendo un poco reduccionistas, podríamos decir que el advenimiento de la ciencia es el Tema, el único, todopoderoso y fantasmagórico Tema.

La Revolución Neolítica fue un cambio traumático y radical. Hace unos 9 000 años, el ser humano abrazó la vida sedentaria y la agricultura y empezó la división del trabajo. Aquello supuso un impulso importantísimo a nuestra cultura y tecnología. Lo puso todo patas arriba y, para hacernos una idea de cuánto, podemos recurrir al símil saganiano del año.

Imaginemos (para poderlo entender) que la historia de la vida en la Tierra ha durado un año. El 1 de enero a las 00:00, aparece la primera célula. El 31 de diciembre a las 24:00, es ahora. Pues bien, después de días y semanas y meses de historia de la vida en la Tierra, el último día del año, a las 23:28 aparece el género homo. Es decir, nuestro género biológico. Aunque aquel primer simio todavía era muy distinto a nosotros. El homo sapiens aparece a las 23:57:30, cuando solo quedan dos minutos y medio para la media noche.

El género homo es algo nuevo para la vida y el ser humano también. La Revolución Neolítica acaece a las 23:59:53, a 7 segundos de la media noche. Y sólo a 15 centésimas de segundo de la media noche, en el último sexto del último segundo de la última hora, llega la Revolución Industrial.

Ambas revoluciones suponen un cambio radical en la concepción del mundo. Y culturalmente parece que nos quedan trazas de recuerdos de cómo era aquella vida perdida en la noche de los tiempos, de todo lo que ganamos y de todo lo que perdimos. Parece que el cambio es irreversible. Y también parece que no es gratis.

Si quieres progreso y seguridad, hay que pagarlo. Esto lo reflejamos en mitos como el de Prometeo, un titán que roba el fuego (la ciencia, la tecnología) de los dioses y Zeus a cambio envía a la Tierra la caja de Pandora, desde la que se liberan todos los males del mundo (la guerra, la enfermedad…). También está en el Génesis bíblico, en el que Dios prohíbe a Adán y Eva comer la fruta del Árbol de la Ciencia. Antes de comerla, ellos vivían felices en el jardín del Edén, comiendo lo que la naturaleza les ofrecía (como cazadores-recolectores), pero tras comerla se ven desnudos por primera vez, y son expulsados del paraíso y condenados a “ganarse el pan con el sudor de su frente”. Es decir, deberán trabajar para comer.

Ambos mitos aluden a una realidad previa, feliz, en contacto con la naturaleza, y ambos presentan un castigo al saber. Ambos mitos reflejan el precio que pagó el hombre al abrazar la ciencia.

Con Prometeo y Adán y Eva vemos una primera narrativa científica, una crítica a la ciencia, una moraleja sobre los peligros de jugar a ser dioses en lugar de animales. El ser humano irremediablemente está moviéndose siempre en esa línea borrosa entre Zeus y un chimpancé. Podríamos llamar a estos relatos ciencia ficción en el sentido de que es ficción científica (que sería la traducción correcta del inglés science fiction), pero el término ciencia ficción nos pide que, además de científica, sea especulativa.

Para encontrar ficción científica y especulativa tenemos que esperar hasta el siglo XIX donde florecen los relatos inspirados por la nueva revolución industrial. En 1818 Mary Shelley escribe Frankenstein (cuyo subtítulo, no lo olvidemos, es El moderno Prometeo), considerada por muchos como la primera historia de ciencia ficción. En ella, el doctor Víctor Frankenstein crea un ser humano a partir de partes de cadáveres, se horroriza ante la monstruosidad de su creación y finalmente es acosado y perseguido por ella hasta el fin de sus días.

De nuevo, el mismo esquema: alguien que vive feliz siguiendo las tradiciones utiliza la ciencia con un propósito en principio noble y, por culpa de su falta de miras, el resultado se vuelve contra él y es condenado para siempre a sufrir las consecuencias, siendo imposible volver atrás.

Un siglo después, en 1920 Karel Čapek escribe RUR, considerada por muchos la primera historia sobre robots. Aunque durante la edad media y la edad moderna habían existido los autómatas (y algunos de ellos muy complejos), es esta obra la que les dota, por primera vez, de capacidad intelectual. En ella, los robots fabricados por la compañía de Robots Universales Rossum (RUR) se rebelan contra sus amos y acaban destruyéndolos.

Čapek se hace eco en su obra de los movimientos antitecnológicos de la Revolución Industrial en los que los trabajadores protestaron contra la existencia de máquinas aduciendo que les quitaban el trabajo.

Permítaseme aquí un pequeño inciso. La tecnofobia está lejos de haber sido superada. He escuchado a menudo a gente de mi generación quejarse de que las cajas de autopago en las tiendas eliminan puestos de trabajo, de que los programas de traducción amenazan la profesión de los traductores e intérpretes… Y en parte tienen razón. Las máquinas nos facilitan el trabajo, eso es innegable, pero la carga que alivian no se reparte igual entre los diferentes estratos de la sociedad y ahí está el meollo. La sociedad en su conjunto se ha vuelto más productiva, pero las relaciones de poder se han vuelto más injustas. Esto es probablemente lo que pasó en la Revolución Neolítica y en la Industrial.

El miedo de los obreros a quedarse sin trabajo se convierte en RUR en miedo de la humanidad a desaparecer. En RUR las máquinas han dejado de obedecernos, se han vuelto díscolas y han emprendido su propio camino. Es lo mismo que hace Prometeo con el fuego de los dioses, o lo que hacen Adán y Eva con el Árbol de la Ciencia. En ambos casos las creaciones se rebelan contra sus padres. Frankenstein y RUR innovan porque los humanos ya no somos los creados, sino los creadores. Y, paradójicamente, en vez de castigar al monstruo o a los robots, son ellos quienes nos vencen. En todos los casos el delito es jugar con la ciencia y el veredicto es la condena. Da igual si viene de nuestros creadores (Dios, Zeus) o de nuestras creaciones (Frankenstein, robots).

En esta misma década, en 1927, Fritz Lang dirige la película Metrópolis, ambientada en una distopía futurista donde las diferencias sociales son enormes. Los ricos viven en altas torres y los pobres están condenados a trabajar como esclavos en el subsuelo. La trama trata del alzamiento de estos y de la creación de un robot con forma de mujer, María, que se infiltra entre los ricos y los lleva a la perdición. Aquí es interesante ver el papel de la mujer: Tanto Eva como Pandora como María son símbolos del precio que se paga por el conocimiento.

Durante el siglo XX la ciencia avanzará vertiginosamente y cada nuevo avance científico traerá consigo un nuevo miedo y una nueva ficción fantacientífica. La energía atómica nos deja Chernóvil e Iroshima en el plano de la realidad y Godzila y un sinfín de insectos gigantes en el plano de la ficción. Godzila precisamente es una metáfora algo tosca: Un poder destructivo que viene del Océano Pacífico, despertado de pronto, aunque siempre estuvo ahí, como la energía del núcleo atómico.

La conquista del espacio nos trajo algunos disgustos, como el Challenger, pero también innumerables obras de ficción, como 2001: Odisea en el Espacio que, curiosamente, relaciona el surgimiento de la inteligencia con el surgimiento de la violencia. De nuevo, es el precio que pagamos por saber. Y no podemos olvidarnos de Hal 9000, el ordenador de abordo que se vuelve contra sus creadores.

La televisión y los medios audiovisuales nos trajeron Poltergeist y La naranja mecánica; la realidad virtual, Matrix y Desafío Total; la inteligencia artificial, Terminator y Her; la genética, Gattaca y Parque Jurásico; la relatividad del tiempo, Minority Report y Doce Monos; el cambio de nuestro entorno Waterworld e Hijos de los Hombres; las redes sociales y las nuevas formas de comunicación, Black MirrorCualquiera de los mundos presentados en estas obras es como poco inquietante y en muchos casos aterrador.

Sabemos que nos acercamos a un punto de inflexión, una singularidad, una nueva revolución, probablemente liderada por las inteligencias artificiales que nosotros mismos estamos creando.

Ray Kurzweil predijo esta singularidad de la siguiente manera: las computadoras se irán volviendo cada vez más inteligentes a medida que las vayamos perfeccionando hasta que llegue un día en que una computadora sea tan inteligente que pueda ella misma diseñar a su sucesora sin necesidad de ayuda humana. Una vez que esto ocurra, la nueva computadora, aún más inteligente que la anterior, podrá diseñar a la siguiente generación y esta a la siguiente, y esta a la siguiente. El propio Kurzweil estima que el advenimiento de la singularidad tendrá lugar en torno a 2045. Autores menos optimistas retrasan esta fecha 5 o 10 años.

ROBOTS BUENOS Y ROBOTS MALOS

Después de los primeros pasos en la ficción con robots (Frankenstein y RUR), la palabra y el concepto de robot vino para quedarse. La primera mitad del siglo XX nos dejó montones de obras con robots en los que, normalmente, ellos eran los malos. Y funcionaba, claro que funcionaba: a lo largo de la historia, siempre que un ser sintiente crea a otro, le sale el tiro por la culata. Así le pasó a Dios con Adán, al Ravino con el Gólem y, si queremos, a Cronos con su hijo.

¿Por qué nos gustan las historias de robots malos? ¿Tenemos miedo de la ciencia? ¿O tenemos miedo de nuestras creaciones? O, lo más aterrador: ¿Tenemos miedo de nuestra prole?

A nivel de especie, los robots serían algo así como nuestros hijos, y una vez creados, no salen como esperábamos, se rebelan contra nosotros y cumplen la profecía edípica de matar al progenitor. Los robots nos dan miedo porque no han salido como nosotros esperábamos. Y éste es uno de los terrores más arraigados en la era de la neurosis postindustrial.

Aquí es donde entra la figura de Isaac Asimov, que escribió páginas y páginas sobre historias de robots en novelas y relatos cortos. Asimov publicó su primera historia de robots en 1939 (Robbie, un título que hasta al propio autor le daba grima). Asimov dio un giro al tema y se paró a pensarlo un poquito (cosa que no habían hecho los anteriores creadores de películas de serie b con robots asesinos por doquier). Se dijo: si la humanidad va a crear robots, ¿cómo debería hacerlo para que estos no se rebelaran contra ella? Y fue entonces cuando le fueron inspiradas las famosas 3 leyes de la robótica y de paso la propia palabra robótica. Estas eran:

1. Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley

En alguna ocasión, Asimov dijo que al fin y al cabo estas leyes son las leyes ideales que le aplicaríamos a cualquier herramienta hecha por los humanos. Diseñamos nuestros instrumentos de forma que no nos hagan daño, nos obedezcan y se estropeen lo mínimo.

En las novelas de robots de Asimov, estos cumplen las leyes de la robótica y nunca hacen daño a los humanos. En estas historias los robots son siempre buenos. Esto puede parecer una tontería, pero es la innovación que aporta a la ficción con robots. Asimov es un humanista y cree en la inteligencia y la bondad últimas de la humanidad y, por ende, de sus creaciones. En sus novelas (pequeño spoiler) hay muchos hombres malos, pero nunca un robot malo.

En los últimos años han aparecido muchas películas buenas de robots como Eva (2011), Autómata (2014), Big Hero 6 (2014), Ex Machina (2015), Uncanny (2015), Chappie (2015) y alguna más que me dejaré. Todas ellas son asimovianas en el sentido de que mantienen la tradición del robot bueno. Y permítaseme remarcar que son mucho más asimovianas que la infame Yo, Robot (2004) que tiene al pobre Isaac revolviéndose en su tumba desde su estreno. Estos robots de última generación son buenos, pero todos tienen algo en común: todos son víctimas. Los seres humanos no destacamos por nuestra bondad hacia otros seres, ya sean animales, vegetales o positrónicos (los cerebros robóticos en las novelas de Asimov no eran electrónicos, sino positrónicos), y de igual manera que les hicimos la vida imposible a los neanderthales, a los gorilas y a los humanos que nos encontrábamos por ahí y eran distintos a nosotros (en religión, raza, sexo, sexualidad…), muchos autores consideran determinísticamente inevitable que acabemos puteando también a los robots.

La película original de Westworld, de 1973 no innova demasiado. Muchos ven en esta obra de Michael Chrichton un calentamiento para Jurassic Park (ambos son parques de atracciones en los que a las atracciones les da por matar humanos) pero la premisa estaba llena de posibilidades inexploradas que se fueron abriendo paso en su secuela Futureworld (1976), en la serie Beyond Westworld (1980) y ahora en Westworld (2016) de la HBO.

Los robots de Westworld (2016) no terminan de encajar en ninguna de las categorías anteriores. De hecho, parte del encanto de la serie es ir descubriendo qué clase de robots tenemos ante nuestros ojos: porque estamos acostumbrados a que nos den las cosas masticaditas y esto supone un reto.

Si tenemos que quedarnos con dos ideas, rescatemos estas: los anfitriones (es el término políticamente correcto para llamar a los robots) son conscientes (de hecho, el espectador empatiza con sus sueños y sus emociones como si de un personaje humano se tratara) y son víctimas (existe un aparato de explotación del que no pueden escapar). Así que, vista la situación, ¿quién nos genera más empatía? ¿El opresor que es humano o el robot que es oprimido?

MI MARIDO NO ES MI MARIDO

En 1956 se estrenaba en EEUU La invasión de los ladrones de cuerpos. En esta cinta de ciencia ficción de presupuesto ajustadito se cuenta la historia de unos extraterrestres que se meten en tu cerebro y controlan tu cuerpo de tal manera que nadie puede ver que realmente tú no eres tú. ¿Nadie? Bueno, sí, las personas más cercanas se dan cuenta del cambio y acuden al médico al grito de «mi marido no es mi marido». En un principio, el facultativo se pone expedir diagnósticos del Síndrome Capgras que se define así: «la idea delirante de que otras personas, normalmente muy cercanas al paciente, han sido reemplazadas por dobles exactos, que son impostores».

La película aterró a las audiencias de la América paranoica con la Guerra Fría, donde tu marido podía ser un comunista sin que tú lo supieras. El vecino que siempre saluda, el vivaracho panadero, la solícita ama de llaves, la mejor amiga de tu hija… En aquel momento todo el mundo podía ser el enemigo.

Tristemente este miedo se sigue alentando en nuestra sociedad y en series como Homeland (2011) vemos cómo mi marido puede convertirse en un terrorista yihadista.

Aunque menos arraigados, estos argumentos no son nuevos. Encontramos cylons (robots insurrectos) infiltrados entre los humanos de Battlestar Galactica (2004) y cerca del 30% de los episodios de la serie original de Star Trek (1966) tratan de un espíritu, clon, extraterrestre, robot, presencia, droga o hipnosis que suplanta a Kirk o a Spock y el resto de la nave tiene que plantarle cara.

Tal vez su origen esté en las novelas de crimen y misterio: Conan Doyle, Agatha Christie y compañía. Por muy encumbrados que les tengamos hoy en día, en su momento se les consideró literatura menor por tratar de temas morbosos y poco o nada relevantes, ya que lo bonito era escribir sobre grandes sentimientos o grandes gestas, no de los pormenores de un homicidio. Y sin embargo se daba a menudo la situación de que el culpable se encontraba camuflado entre los personajes inocentes, sin dejar entrever su verdadera naturaleza.

Además de asesinos, entre nosotros puede haber inmortales, agentes Smith, vampiros, brujas y robots. En Wetsworld es importante aprender a distinguir entre hombres y robots. Es más, aunque en la primera Westworld (1973) la trama era más simple que el mecanismo un botijo, los protagonistas dan con un método para distinguir a los hombres orgánicos de los electrónicos: las manos. Al parecer la tecnología no supo reproducir con fidelidad la mano humana. En la versión moderna eso no aparece: no hay pistas, no hay ayudas. El espectador, como cualquier otro huésped, debe aprender a distinguirlos por sus propios métodos.

El público ya no está viendo Blade Runner (1982), donde Harrison Ford se dedicaba a hacer largos y complejos tests de empatía a la gente para saber si son robots o no. Ahora el público es Harrison Ford y tiene que diagnosticar la humanidad o la robocidad de los personajes por su cuenta.

Como ya he dicho, la primera Westworld pecaba de simple, pero su secuela, Futureworld (1976) incluía (PEQUEÑO ESPÓILER) un giro muy interesante: No solo los personajes del parque temático eran robots, sino que algunos de los trabajadores que los controlaban también lo eran, desencadenando por primera vez en nuestra saga el miedo de Mi marido no es mi marido.

LA HABITACIÓN CHINA

«¿Por qué le pones ropa?», dice en una escena de Westworld el personaje de Anthony Hopkins a un técnico trabajando. «¿Para que no pase vergüenza? No pasan vergüenza. No tienen sentimientos. No son humanos», dice refiriéndose a los robots.

Y es que para pasarlo bien en el parque Westworld tienes que creer en esa premisa de que los robots carecen de sentimientos pero, según avanza la trama, uno empieza a dudar que sea verdad. Nuestra empatía natural nos hace verlos como seres humanos. Lo hacemos con muñecos de peluche y representaciones artísticas claramente inertes, ¿cómo no lo vamos a hacer con robots que se mueven y nos hablan?

La esencia de la consciencia es otro de los temas que nos acompañan en la serie. De hecho, es un tema que da para mucha reflexión. ¿Cómo y cuándo pasa la materia inerte a ser una entidad con consciencia? Por mucho que la busquemos, la frontera no está clara y la ciencia aún no tiene respuestas ni remotamente satisfactorias.

Existe el famoso test de Turing, la prueba para dictaminar si una máquina es inteligente o no y que funciona de la siguiente manera: un ser humano se pone a hablar con una máquina y si no se da cuenta de que lo es (o no la puede distinguir de entre otros humanos), entonces la máquina pasa el test. Ahora mismo diría que Cleverbot pasaría la prueba sin problemas. Podéis intentarlo en Omegle o alguna plataforma similar.

Pero que Cleverbot pase el test de Turing, ¿significa que Cleverbot es inteligente? ¿Es acaso consciente? Para refutar esta idea, el filósofo John Searle planteó el siguiente experimento metal conocido como La habitación china. Un hombre chino conversa en mandarín con un ordenador (o lo que él cree que es un ordenador) y decide que no puede saber con certeza si al otro lado hay un ser humano o una CPU, por lo tanto, habría pasado el Test de Turing. Sin embargo, lo que se halla al otro lado es un británico que no sabe chino y que simplemente tiene libros llenos de explicaciones (si te dicen X, tú respondes Y), es decir, una especie de programa informático formado por una persona y un montón de libros. De tal manera que ni los libros ni el británico saben mandarín, pero todo el conjunto podría parecer que sí.

Estos robots de Westworld, ¿qué son? ¿Seres sintientes como las personas? ¿Seres simulados como la habitación china? La pregunta es aterradora porque, llevada a sus últimas consecuencias, te hace preguntarte cuánto hay de sentiencia en todas aquellas personas que no son tú: ¿son seres humanos o solo zombis filosóficos?

En Westworld parecen haber llegado a la consciencia partiendo de la hipótesis psicológica de la mente bicameral que no está aceptada por la comunidad científica, pero que plantea una idea interesante: la mente humana está dividida en dos partes, una que habla y otra que obedece. En nuestra ficción se usa como base para la arquitectura de los cerebros electrónicos, pero en la vida real parece bastante evidente que la mente humana es esencialmente dual. El youtuber divulgador CGP Grey, en su vídeo You Are Two, explica cómo uno de los hemisferios es verbal, mientras que el otro no, y que tu mitad verbal está dispuesta a mentir flagrantemente solo para justificar las acciones llevadas a cabo por su contraparte muda. Tu mitad verbal creará una historia coherente que tú te tragarás.

VIOLENCIA, REALIDAD Y PARQUES TEMÁTICOS

En un mundo en el que puedes hacer lo que quieras sin esperar consecuencias, los turistas dan rienda suelta a sus instintos más básicos. Teóricamente en Westworld pueden ser tan buenos como quieran y dedicarse a hacer el bien, buscar tesoros o dar paseos a caballo, pero cualquiera que lleve ahí dentro más de un día empieza a pensar en experimentar la violencia, que es lo que la sociedad no le permite experimentar en el mundo real.

Es interesante que nuestro cerebro esté diseñado expresamente para huir del tedio a toda costa. En este experimento, el youtuber Vsauce nos muestra cómo un chico normal decide que prefiere una dolorosa descarga eléctrica tras solo 2 minutos de aburrimiento en una habitación sin nada que hacer. Nuestras mentes se desviven por algo de acción. Quizás en Westworld no hay que preguntarse si la violencia va a aparecer sino cuándo.

Al revés que la postura humanista de Asimov, Westworld tiende al extremo opuesto: cualquier ser humano es intrínsecamente malo y la experiencia en el parque solo va a sacar al verdadero yo que la mente racional mantiene cautivo.

«En la mesa y en el juego se conoce al caballero», dice mi madre, refiriéndose a cuánto revela de una persona la forma en que come y la forma en que juega. Los más simpáticos pueden volverse competidores feroces, malos perdedores y enrabietarse como niños, mientas que otros pueden mostrar su lado más cortés, más conciliador, o simplemente una filosofía vital mucho más sana.

Como espectadores aceptamos ese mantra de que aquello que eres en Westworld es tu yo real. Aunque, claro está, desligados de la sociedad y las consecuencias normales de nuestros actos, ¿seguimos siendo nosotros mismos? ¿Puede uno desprenderse de sus circunstancias para encontrar su verdadero ser? ¿Por qué nos da por pensar que la auténtica naturaleza de uno aflora en el ambiente menos real posible?

Los parques temáticos de hoy en día, los que ya existen, son un paradigma de la hiperrealidad, un concepto filosófico que alude a la incapacidad del individuo en la postmodernidad (estos tiempos que corren) de distinguir lo real de lo irreal. A este concepto ya me aproximé sin saberlo en La inquietante noche americana. Es decir, que más de una vez cuando uno piensa en París o en piratas acaba pensando en la ficción acerca de París o en la ficción acerca de piratas. Nuestra aproximación al conocimiento cultural viene mediatizada cada vez más por la ficción, y especialmente la ficción visual.

La suplantación innecesaria de un elemento real por otro ficcional es más común de lo que parece. En este post (un tanto añejo, sí), el autor nos habla de cómo el programa de televisión Aquí Hay tomate, para hablar de Sissi Emperatriz, en lugar de usar imágenes reales de Sissi (que dejó alguna foto y muy pocas grabaciones) usó imágenes de Romy Schneider, la actriz que encarnó a Sissi en la película Sissi de 1955. El mismo post presenta el ejemplo de la biografía del escritor y periodista Truman Capote (que sí dejó bastante material audiovisual, incluso salió en una película), editada con la foto del actor Philip Seymour Hoffman, actor que interpretó a Truman Capote en la película Capote de 2005.

El filósofo Baudrillard dice lo siguiente sobre la hiperrealidad y la quitaesencia de los parques temáticos:

«Disneylandia es presentada como imaginaria con la finalidad de hacer creer que el resto es real, mientras que cuanto la rodea, Los Ángeles, América entera, no es ya real, sino perteneciente al orden de lo hiperreal y de la simulación. No se trata de una interpretación falsa de la realidad (la ideología), sino de ocultar que la realidad ya no es la realidad y, por tanto, de salvar el principio de realidad.»

También Baudrillard:

«El mundo en el que vivimos ha sido reemplazado por un mundo copiado, donde buscamos nada más que estímulos simulados.»

Westworld nos encandila porque nos retrata a la perfección como sociedad y, paradójicamente, este retrato es un símbolo hipermediatizado, no una experiencia real. Westworld es un parque y una serie sobre un parque, es irreal en dos niveles distintos. Westworld es un juego para sus personajes y un juego para sus espectadores. Así que, como metáfora, también es doble. Esta recursividad nos recuerda a nuestra propia experiencia vital, vivida como la copia de una copia de una copia.

En este otro vídeo, Vsauce explica con mucha claridad por qué jugamos: al parecer los juegos con reglas establecidas, como los juegos de mesa o los videojuegos, son una golosina para nuestro cerebro que, harto de la impredictibilidad del mundo real, se vuelca en un sistema cerrado con normas finitas que puede conocer y controlar. En la vida puedes esforzarte mucho en algo y no obtener recompensa, pero eso nunca ocurre en el juego.

El juego es un sucedáneo de la experiencia vital, destilado y reducido para ser disfrutado en su forma más pura. Nuestros cerebros están diseñados para predecir y calcular las probabilidades de éxito constantemente y por eso aman los juegos. Y eso es lo que ofrece el parque de Westworld.

En Westworld todas las tramas llevan a alguna parte, todos los personajes tienen una función. El castigo tiene una recompensa, la buena suerte viene salpimentada con contratiempos, porque todo está medido para que sea equilibrado. La naturaleza del mundo real no es narrativa, somos nosotros los que creamos el relato cuando los hechos ya han pasado y le otorgamos un significado. Llegamos incluso a autoengañarnos para explicar tal o cual acción que no encaja con la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre nuestra vida. Reflexionar acerca de la no-narratividad de la existencia es agobiante y el parque Westworld es el bálsamo que nos alivia.

Un parque temático donde todo tiene sentido y nada es accidental es un gran placer para el cerebro. El orden y la causalidad lo impregnan todo y eso nos gusta. Y este es el motivo por el que poco importa si los robots son buenos o malos: no nos importa su moral, nos asustan porque están rompiendo ese tejido de racionalidad. Lo que tememos de ellos es su independencia, su albedrío, su identidad.

Y este es el castigo por jugar con la ciencia: un real, inhumano y espeluznante desorden.

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En Passengers triunfa el HAMOR

El hamor es algo bellísimo, que no tiene límites espaciales ni temporales y puede triunfar lo mismo en Notting Hill que en los inmensos vacíos galácticos.

ESPÓILERES DESDE YA.

passengers

Hoy vamos a hablar de una película muy bonita que nos hace reflexionar pero que también nos emociona los sentimientos, que son muy importantes. Se trata nada más y nada menos que de Passengers. Protagonizada por Jennifer Lawrence, Chris Pratt, Morfeo y un roboz.

El filme nos habla de un futuro indeterminado en el que, gracias a grandes empresas, la humanidad está colonizando planetas lejanos. Pero las compañías del futuro no son como las actuales. Las compañías del futuro son gigantescas empresas todopoderosas con las que la gente se endeuda de por vida y que no dudan en recortar en seguridad con tal de abaratar costes. En el futuro uno no se puede fiar de ellas porque te la lían parda y ese es el desencadenante de nuestra historia.

Chris Pratt, que ya nos maravilló haciendo de César Millán en Jurassic World, despierta de una hibernación en una enorme nave espacial con forma de baticao. Hasta aquí todo ok, pero le quedan 80 años para llegar al destino y así a primera vista a Chris Pratt le echas unos 30 por lo menos. Hagamos cuentas: 30 años que tiene + 80 que le quedan = 110 que tendrá cuando lleguen al planeta de destino. El tío va a llegar moñeco moñeco A NO SER que vuelva a la hibernación.

No vamos a decir que no lo intente, porque sí que intenta cosas, pero también diremos que pierde mucho tiempo en un bar que hay y bailando en la Wii del futuro. Sabemos que pasa mucho tiempo porque se va dejando se va dejando. Al cabo de un año tiene unas barbas de profeta que parece Ignatius Farray. Pero claro, a él le da un poco igual, porque total nadie va a verle por la nave: están todos hibernando. Y menos mal que es Chris Pratt el primero en despertar, porque si llega a ser Jennifer Lawrence, por exigencias simétricas del guion, le tocaría estar un año sin depilarse (para que los espectadores entendiéramos el paso del tiempo) y tendría pelos en las piernas, en los sobaquillos y a lo mejor hasta un poco de bigotillo. Pero como todos sabemos, esas cosas no se pueden sacar en el cine porque van en contra de la Primera Enmienda, me parece. “No sacarás mujeres sin depilar en las películas, aunque lleven 20 años encerradas, maniatadas y sin contacto con nadie. Se habrán hecho la depilación láser o algo de eso. Sí, aunque sea la Europa Medieval. Me da igual. Hazme caso. Soy la primera enmienda. Qué sabrás tú, alfeñique”.

Al cabo de un año nuestro protagonista se da cuenta, más o menos, de que lo tiene chungo para volver a hibernar y un día dándose un paseo entre la gente hibernada ve a Jennifer Lawrence, que es una muchacha pues muy riquiña, ¿qué queréis que os diga? Y así tan limpita en su cápsulita de hibernación pues tiene un enamorar rápido.

Pero el César Millán de los velocirraptores no es un hombre superficial que solo la quiere por su físico. No. Él le mira antes el perfil del Facebook y ve que la chavala es escritora, filosóficamente salerosa y serenamente vivaz. O sea, que no se enamora porque esté buena, se enamora porque es muy inteligente y ha escrito un libro y se siente muy identificado. Y claro, con todo ese amor, pues decide despertarla.

¿Que también podría haber mirado otras candidatas a despertarse? No te digo yo que no, pero no serían Jennifer Lawrence y habría que pagar a más actores, que solo salen cuatro pero cobran cacheses muy elevados. ¿Que también podría haber salido bollera la Jenny? Ah, pues eso a lo mejor no lo hemos pensado, Chris Pratt. Eh. Chris Pratt. Tan listo para unas cosas y tan tonto para otras, Chris Pratt.

Así que, en fin, la despierta y, claro, la chica también pasa unos días de a ver cómo lo solucionamos, a ver cómo volvemos a la hibernación, pero como todo eso ya lo hemos visto con Chris Pratt pues los guionistas hacen una elipsis y rapidito tenemos a una Jennifer Lawrence resignada a vivir en la nave con Chris Pratt que era lo que todos queríamos desde un principio (porque veníamos al cine habiendo visto el tráiler y ya estaban tardando en salir Jennifer Lawrence y el amor).

Y bueno, como no hay mucho que hacer, pues juegan juntos a la Wii y van al bar y ya un día que se aburren mucho hacen un paseo espacial y ya de vuelta se les ocurre follar. ¿Qué van a hacer ahí 80 años encerrados? Pues follar. Y hay que decirlo. No vamos a ser mojigatos a estas alturas. Y ya puestos, abordemos un tema que la película no deja claro del todo. Al follar, ¿no se queda embarazada Jennifer Lawrence? ¿O es que tienen suministros de condones para 80 años (que no creo)? ¿O es que a Chris Pratt le ha hecho la vasectomía un velocirráptor (un poco más probable, pero tampoco mucho)? ¿O es que el Método Ogino funciona por una vez (niños, no probarlo en casa)? ¿O es que ejercen la saludabilísima y poco reconocida práctica del sexo interfemoral (búscalo en google si quieres)? ¿O es que estaban siguiendo las especificaciones de la Segunda Enmienda? “Cuando dos echen un quiqui, ninguno se preocupará nunca por el método anticonceptivo, ni se hará mención alguna a él, ni se mostrará en plano, ni nada, no sea que parezca sexo del que tiene la gente”.

De aquí pasamos directamente a la Tercera Enmienda que dice (esto hay que leerlo con voz como de Dios dictándoselo a Moisés, que no sé si lo estáis haciendo bien): “Después del quiqui, la chica se tapará las tetas porque tetas durante el quiqui vale, pero tetas durante otras actividades es una ordinariez, a no ser que sean las tetas de un tío que entonces todo ok”.

Ah. También está muy bien haber despertado a Jennifer Lawrence porque es como la Rose del Titanic, ella iba en primera clase, no como César Millán, que iba en clase turista. Así que pueden desayunar frutitas y cosas chachis, no el salvado que tenía que tomar César Millán por obligación.

Y viven muy felices follando y jugando a la Wii del futuro, pero no olvidemos que en las películas de amor siempre hay tres fases: (1) la luna de miel, (2) la discusión de la hostia y (3) la reconciliación con acto de amor de la hostia. Así que tarde o temprano se van a enfadar.

Y tú te preguntarás, querido espectador, ¿cómo se van a enfadar el uno con el otro con todo lo que se quieren? ¿Cómo es esto posible? Hombre, pues porque Chris Pratt ha despertado a Jennifer Lawrence y la ha obligado a pasar el resto de la vida a solas con él. Pero eso ella no lo sabe. Solo lo sabe una persona y es un roboz: el roboz que trabaja de camarero en el bar, un tipo tan filosófico como electrónico. Este es un roboz que en principio parece que no se entera de nada, pero que luego, menudo pájaro, le falta tiempo para soltarle a Jennifer Lawrence que Chris Pratt la ha despertado para frungir con ella los próximos 90 años.

Y Jennifer Lawrence, que tonta no es, se enfada e incluso le agrede físicamente, para que veamos que no es una mujer indefensa. Y le hace el vacío y se vuelve runner (dato importante). Si yo no sé cómo no lo mata, porque el tío es un malaje, no me jodas. A mí lo que me hubiera gustado es que lo matara, se pasara un año sola jugando a la Wii del futuro, y acabara decidiendo despertar a algún macizo para follárselo. El macizo acabaría enterándose y matando a Jennifer Lawrence, claro. Luego pasaría un año aburrido hasta que se le ocurriría despertar a una maciza para follar. Y así continuaría el ciclo de follar-crimen-follar-crimen hasta llegar al planeta ese. Al final solo quedarían los más feos de todos, los lefties, los que nadie quería follarse. Y el planeta colonizado parecería una película de Javier Fesser. Años más tarde llegarían otra vez los humanos y pensarían que son una raza de orcos.

Pero eso no pasa en la película, solo en mi imaginación. En la película pasa otra cosa que la voy a contar: se despierta una tercera persona: Morfeo. Que por suerte es miembro de la tripulación (no un simple pasajero) y tiene acceso a cosas reservadas que no tenían los otros. Se despierta y les dice:

Vamos a ver, pollitos, la que me habéis liao, que me habéis plantao un árbol en medio la nave.

Porque le plantan un árbol en medio de la nave que no lo había dicho que no se sabe de dónde lo han sacado. También les dice:

—Vamos a ver, pollitos, que tenemos que reparar la nave que tiene unos fallos la nave y esto va a ir a más y vamos a morir todos si no lo arreglamos.

Los pollitos aceptan y en ese momento le da un vahído a Morfeo y tienen que llevarlo a la enfermería, que, gracias a Dios, está toda automatizada, porque claro, no se ha despertado ningún enfermero. Entonces hay un máquina que le dice:

—Ay, Morfeo, Morfeo, estás hecho un Christopher. Vas a morir en pocas horas, lo sepas.

Al parecer su cápsula de hibernación funcionaba muy malamente y a saber qué le había metido en el cuerpo. Y dice Morfeo:

—Amigos, los últimos 12 minutos que he pasado con vosotros me han dejado mucha huella. Y os encomiendo la misión de cuidar el uno del otro, sí sí, aunque estéis enfadaos, hay que quererse. También os doy mi llave de acceso a las cosas para que reparéis lo que está roto, que no sabemos qué es, pero que tenéis que arreglarlo o moriréis todos.

Y fenece.

Entonces Jennifer Lawrence y Chris Pratt se ponen a buscar por la nave qué es lo que está roto y descubren una avería bien gorda. En esta parte descubrimos que Jennifer Lawrence será muy de alta alcurnia, muy clase oro y todo lo que tú quieras, pero no tiene ni idea de la ingeniería. Claro, la mujer es una periodista ensoñadora, una niña bien que ha pillado un billete de ida y vuelta para buscar aventurillas espaciales. Mientras que Chris Pratt es lo contrario. Vale, puede que sea un perro callejero de los suburbios que ha conseguido el billete con un descuento de Groupon, pero sabe cómo se arreglan los roboces y las cosas de la nave.

Así que cuando llegan al meollo del problema ven que la única manera de arreglarlo es salir por fuera de la nave, al vacío del interestelaje y jugarse la vida. Chris Pratt, que así de primeras tiene más iniciativa, más ímpetu arrebatador, decide que sale él y, mientras, Jennifer Lawrcence solo tiene que quedarse dentro y dar a un botón, que ya me dirás tú qué complicación entraña eso.

Chris Pratt sale fuera, Jennifer le da al botón y, contra todo pronóstico, Chris Pratt no se muere a la primera, sino que queda flotando a la deriva en el espacio. Así que Jennifer Lawrence, que ve cómo se ha sacrificado por ella, decide que le perdona. Al fin y al cabo, qué más dará haberle arrebatado su vida por completo, en el fondo no es mal tipo.

Aquí hay un paralelismo con la Bella y la Bestia. Vale que Bestia rapta a Bella y la maltrata un poquitito, pero después de convivir un tiempo, Bella ve que no es tan malo y le da una oportunidad. Otra reflexión es decidir qué es más sacrificio, si morirse en el espacio o pasar 80 años jugando a la Wii del futuro. La película no deja en ningún momento de retarnos intelectualmente.

Y la cosa no es solo que lo perdone, sino que la propia Jennifer Lawrence, en un alarde de singular arrojo, se calza ella misma el otro traje espacial y se lanza al vacío espacial a buscarlo. Consigue traerlo de vuelta sano y salvo pero muerto. Es lo que tiene el espacio en esta época del año, que es muy frío y muy interestelar y eso como no vayas bien abrigado te puede pasar como a los niños de los anuncios que salen a la calle sin haberse tomado el actimel, que están como transparentes en medio de las inclemencias porque se van a coger una pulmonía.

Jennifer lleva a Bestia a la enfermería automatizada esta y mirando en la tablet con la que se maneja descubre un botón que pone revivir. Y piensa: ¿lo doy o no lo doy? Venga, lo doy. Y el tío revive. Y se ponen muy contentos porque se quieren y se aman.

Ahora toca rehacer sus vidas. César se pone a investigar la máquina de resurrección, porque es un hábil mecánico sediento de saberes técnicos, y Jennifer Lawrence se va a maquillar al camarero, porque es una tía.

Y luego se encuentran por ahí y le dice:

—Pues yo he maquillado al camarero.

—Pues yo he descubierto que la máquina de resurrección de la enfermería podría devolvernos a uno de los dos al estado de hibernación y mantenerlo con vida hasta que la nave llegue a su destino.

—Uy, qué me dices.

—Lo que oyes. Y mira, por lo que sea, llámame loco, no puedo evitar sentirme un poquín culpable, así que he pensado que si quieres te meto a ti en hibernación y yo me quedo por aquí el resto de mi vida dejándome la barba.

—Oh, qué gesto tan hermoso y caballeresco. Solo por el detalle, ya te perdono del todo y me quedaré contigo el resto del viaje.

—No esperaba menos. Hala. A follar.

LO MEJOR: La escena en la que Jennifer Lawrence está haciendo unos largos en la piscina y se va la gravedad artificial (que en esta película se va como cuando se va el wifi: sin avisar y con dramáticas consecuencias).

LO PEOR: Que triunfe el hamor.

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En Arrival triunfa el HAMOR

Un día más, os traigo una crítica cinematográfica fresquita y divertida. Esta vez la película no era tan mala como las otras en las que he contado cómo triunfa el HAMOR, pero me ha parecido que por sus clichés y sus frases a bulto, podía ser buen material. Os dejo con ella.

ESPÓILERES DESDE YA.

arrival

Languages from otter space

Estamos ante una cinta aclamada por la crítica y el público que además tiene unos extraterrestres muy bonitos de ver. Revisa uno de los temas clásicos de la ciencia ficción: los marcianos, y un tema tratado en clásicos de cualquier género como es el hamor. Además está protagonizada por una traductora y eso va a hacer que nos interese mucho porque van a salir cosas de las lenguas y de la lingüística, una ciencia con poca tradición cinematográfica (excepto en películas como Lost in Translation, La lengua de las mariposas y Ocho Apellidos Vascos).

La película nos presenta a la doctora Louise Banks, interpretada por Lois Lane, que es profesora de universidad y está maciza y gracias a unos fláshbackes vemos que tiene un pasado muy tormentoso y de cámara en mano en el que se le murió una hija que tenía de una enfermedad muy rara. Y da mucha pena porque se querían mucho y se hacían cosquillas.

El filme filme empieza con la Doctora Banks que va a dar una clase de cómo nace el Portugués (la lengua, no el señor de Portugal, que nace normal como tú y como yo), pero ese día, por lo que sea, pues muchos de los estudiantes de filología portuguesa de Wisconsin se han pirado la clase. Enseguida vemos que no es porque sean unos vagos, es porque han llegado a la Tierra unos ocnis extraterrestres. Al final la Doctora Banks no les pone falta ni nada porque es comprensiva y porque han venido los ocnis.

Y aquí viene una de las grandes cualidades de la película: los ocnis no vienen solo a Washington DC a la Casa Blanca, sino que antes de venir se han metido en Trip Advisor y se han informado y han puesto naves en varios países. Y en Estados Unidos ha caído una en Wisconsin (o un sitio que suena parecido así a agrario y a rural).

La madre de la Doctora Banks la llama para ver si está bien, porque ya sabemos cómo es una madre. Que si esta niña no me come, que no se me abriga, que no me sobrevive las invasiones ocnis

A pesar de todo, la vida sigue y la Doctora Banks tiene que volver al día siguiente a la universidad a su despacho a hacer sus cosas de profesora y es entonces cuando aparece el Coronel Weber, que es el típico militar americano muy resolutivo y un poquito belicoso que no es muy brillante pero que tiene buen corazón. El Coronel Weber llega y le dice:

—Tradúceme esto.

Y le da una grabación de las voces de los extraterrestres que son un poco como cantos de ballena de ultratumba.

—Lo siento, pero no sé lo que dicen.

—¿Cómo es eso posible? El otro día le dimos una grabación en farsi y usted supo traducirla.

—Claro, pero es que soy licenciada en filología farsi, pero del lenguaje de los alienígenas no sé nada, no tengo ni el First.

—No entiendo lo que quiere decirme.

—Pues que para traducir de un idioma, primero hay que conocer ese idioma.

—¿Qué insinúa, doctora?

—Que uno no puede traducir una lengua que no conoce.

—¡Déjese de tecnicismos y dígame por qué no quiere ayudarnos!

—Primero tendría que aprender su lengua, y luego podría traducirla.

—Doctora Banks, explíquese.

Y están así un rato largo y los espectadores ya vemos que el Coronel Weber listo listo lo que se dice listo no es. También vemos que la Doctora Banks, sin en cambio, es muy espabilada, que sabe portugués y farsi, algo poco común entre las americanas tan macizas como ella.

Al final, el Coronel Weber le pregunta:

—Vamos a ver si me aclaro, lo que usted dice es, corríjame si me equivoco, que para traducir esto, tendría que aprender su lengua, ¿no?

—Así es.

—¡Pues apréndala!

—¡No puedo!

—¡ES UNA ORDEN!

—Tendría que ir allí y estar con ellos, porque no hay cursos CCC de lengua alienígena.

—LE DIGO QUE LA APRENDA.

—Para eso tendría que ir allí y estar con ellos.

—DIANTRES, DOCTORA BANKS, LE REPITO QUE LA APRENDA

—Y yo le digo que tendría que ir allí y estar con ellos.

—Doctora Banks, me da la impresión de que usted lo que quiere es ir allí y estar con ellos.

—Exacto.

—¡Nunca lo permitiré!

—¿Por qué?

—Porque soy un militar y tengo mis motivos.

—Como vea.

—Vamos a ir a buscar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es un rival suyo, Doctora Banks, y él hará el trabajo.

—Pues muy bien. Vayan a buscar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es un rival mío, por mí perfecto. Ya nos veremos, señor militar.

—Ya nos veremos, señora traductora maciza.

Y según se está yendo el Coronel Weber, la Doctora Banks le dice:

—¡Espere! Antes de contratar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival mío, pregúntele cómo se dice «guerra» en sánscrito y qué significa.

Fijaos qué lista es, que habla portugués, farsi y sánscrito. ¿Qué habrá querido decir con esto? ¿A qué está jugando la Doctora Banks? Lo veremos en la siguiente escena.

Ya es de noche y la Doctora Banks está en su casa. Vemos que tiene una casa enorme para los estándares de profesores de Filología Portuguesa en Wisconsin, de lo que se infiere que en su día ganó un sueldo de Nescafé. La vemos en ropa de andar por casa, comiendo porquerías y viendo la tele (normal que su madre se preocupe) y estando ya dormida, la despierta un ruido atronador de helicópteros panter scout explorer ranger con unos focos enormes que irrumpen de pronto en el jardín de su casa. Que menos mal que vive apartadita en el campo, que si no, menuda escandalera para los vecinos que muchos se tienen que levantar pronto que también tienen vidas (pero están contadas en otras películas, no en esta, esta va de la Doctora Banks y los ocnis).

Entonces la Doctora Banks se pone la bata y sale a ver qué pasa y es el Coronel Weber que viene a buscarla para llevársela:

—A ver, que a final sí que te llevamos al ocni.

—Anda, ¿y eso?

—Pues que le hemos preguntado al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival suyo, lo de la palabra «guerra» en sánscrito.

Aquí, si fueran fieles a lo que dijo la doctora, la conversación seguiría así:

—¿Y cómo os ha dicho el segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival mío, que se dice «guerra» en sánscrito?

—युद्ध.

—¿Y cuál ha dicho que es su traducción?

—«Guerra», obviamente.

Pero esta escena así habría sido una perogrullada, así que los guionistas, que no son tontos, la han hecho de esta otra forma mucho más dinámica:

—¿Y cómo os ha dicho el segundo mejor traductor de los estados Unidos, que es rival mío, que se dice «guerra» en sánscrito?

—Dice que la palabra es «desacuerdo». ¿Cuál es su respuesta, Doctora Banks?

—«Ansia viva de tener más vacas».

—Pues le voy a ser sincero, Doctora, me gusta más la traducción del segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival suyo, pero ya hemos venido hasta aquí con los helicópteros thunder black hawk tiger launcher y los focos y toda la pesca y ya nos la llevamos a usted. Que también, ahora que lo pienso, tendríamos que haberle preguntado a usted por whatsapp o algo que cuál era su respuesta. Nos hemos precipitado. Vístase, que nos la llevamos al ocni.

Así que la Doctora Banks se sube al helicóptero y ahí conoce a un científico, que lo llevan también al ocni para que aporte su visión científica del asunto. Además, como es científico de ciencias de verdad, se mete un poco con la Doctora Banks que es traductora, pero la Doctora Banks le pega un zasca y el científico acaba diciendo:

—Vaya, enfoca usted la lengua como si fueran matemáticas.

Y ella, en vez de decirle «Pues claro, hijo, bienvenido al siglo XXI donde la lingüística es una ciencia, inculto insolente», pues le sonríe un poco y se hace la coqueta, porque en el fondo se gustan y ya hay una semilla de romance plantada.

A partir de aquí los acontecimientos de precipitan. Llegan a la base militar que tienen montada al lado del ocni. Ahí en la base están conectados por skype con las otras bases del mundo donde hay más ocnis y tienen una pantalla grande donde pone «Rusia», «Pakistán», «China», «Sudán», etc. Y ahí se ven todos los skypes que están haciendo a la vez. Recordemos que eso es en mitad del prao en Wisconsin y anda que no les va bien el wifi.

Un ratito después les ponen unos trajes de cocinar meta y les meten en el ocni y allí se ven cara a cara con los extraterrestres que son como pulpos muy grandes de siete patas y que fuman mucho, porque la zona donde están tiene una niebla espesa así como de Lluvia de Estrellas. Yo estuve toda la película esperando que se metieran para atrás y salieran transformados en octópodos famosos, como el Doctor Octopus, el Pulpo Paul o el Pulpo A Feira.

Intentan hablar con los pulpetes, pero no se entienden, como ya había predicho la Doctora Banks y aquí viene su primera gran revelación. ¿Y si los alienígenas no tienen un lenguaje sonoro sino visual? Ahí se caen todos de la silla porque ven que es muy inteligente y que piensa fuera de la caja y bajan al chino en un periquete y le compran una pizarra para enseñarles a comunicarse por escrito. Los pulpetes, por su parte, se comunican dibujando cercos de café, como el que se queda en la mesa cuando se derrama un poco.

Entonces la Doctora Banks escribe su nombre en la pizarra: «Louise» y se da en el pecho, como diciendo «así me llamo yo» y como todo el mundo sabe, un golpe en el pecho es el gesto intergaláctico de «así me llamo yo». Lo entienden los chinos, lo entiende Tarzán y lo entiende ese gorila tan listo de la película Congo, así que, ¿cómo no lo va a entender el pulpete? Y en efecto, lo entiende y ahí empiezan a comunicarse unos y otros.

Aunque esto es muy impresionante, el Coronel Weber no lo entiende (recordemos que tenía el conocimiento justo para pasar el día) y se enfada y le dice a la Doctora Banks:

—Doctora Banks, les está enseñando palabras de primaria: «Persona», «caminar», «día»… ¿Qué pretende?

—Hay que empezar por palabras sencillas, para luego ir avanzando.

—No me confunda, Doctora Banks.

—Primero les enseñamos conceptos simples y después los complicamos poco a poco.

—Deje de lado su jerga científica, Doctora Banks, y hable claro.

—Digo que por algún sitio hay que empezar. No podemos enseñarles lo primero «resiliencia», «carbonara» y «backstage».

—Doctora Banks, está agotando mi paciencia, dígame por qué no saben ya hablar con ellos.

—Estamos aprendiendo poquito a poco.

—Vaya al grano, Doctora Banks o le monto un consejo de guerra.

En fin, que, a pesar de lo contumaz que es este hombre, la investigación sigue adelante y descubren algo muy importante acerca de la escritura de cercos de café de los alienígenas. Esta conversación que reproduzco a continuación ya no es con el Coronel Weber, es con otra mujer que anda por ahí y que sí entiende un poco de qué va la cosa:

—Hola, Doctora Banks.

—Hola, mujer que andas por aquí, que no eres el coronel Weber y que sí que entiendes un poco de qué va la cosa.

—¿Qué has descubierto?

—Una cosa muy importante. Al contrario de los lenguajes humanos, los símbolos de su escritura no representan sonidos, sino ideas.

—Pero, Doctora Banks…

—¿Qué?

—Eso lo hacen varias escrituras humanas, como la china, la japonesa, y en su momento otras escrituras de la América precolombina.

—QUÉ DIRÁS.

—A ver, Doctora Banks, eso no es nada nuevo, y mucho menos alienígena, no me diga que ha estado todos estos días yendo usted al ocni para aprender esto tres meses después… Podría haber ido yo y lo habría descubierto mucho antes. Tan lista y tan maciza que es usted, ¿y no sabe nada de la lengua china?

Pues mira, ya tiene bastante la mujer con haber aprendido portugués, farsi y sánscrito. Además que está enamorándose un poco del otro científico que no ayuda mucho en la trama pero que no está nada mal para su edad.

Poco a poco, van descubriendo más cosas de la lengua de los extraterrestres y por fin les preguntan «¿A qué habéis venido al a Tierra?» y ellos contestan haciéndose un poco los misteriosos con cosas como «No hay tiempo. Muchos se convierten en uno. Usar arma.» y eso pone nerviosas a las naciones. Aquí vemos que los seres humanos somos muy mala gente y siempre pensamos lo peor de las personas alienígenas. Y todas las naciones que estaban colaborando por skype empiezan a desconectarse porque quieren el arma para sí mismas o porque quieren atacar los ocnis o algo así, porque ya no me acuerdo bien.

El país más malo, como en tantas otras películas, es China, que tiene también un coronel muy estricto y se ve que más o menos igual de espabilado que el de Estados Unidos. Los de la base de Wisconsin se hacen con una grabación suya dando unas órdenes chinas. Y como los chinos se han desconectado del skype, pues no saben qué querrá decir y se ven obligados a ir al cuarto de la Doctora Banks que estaba ella ahí echada, entretenida con sus lóbregas pesadillas y recuerdos tormentosos del pasado y la sacan para que traduzca del chino.

Ja. O sea que sí que sabía chino. Pues no sé si esto la hace más lista aún, porque ya habla portugués, farsi, sánscrito y chino (nunca quiso especializarse en una familia de lenguas en concreto) o si la hace más tonta por no haber pensado antes en los ideogramas. En cualquier caso, la mujer traduce lo que dice el coronel chino y es algo así como que «venga vamos a matar el ocni que ya se me ha acabado la paciencia».

Entonces se preocupan mucho. Pero tampoco sé muy bien por qué, porque el Coronel Weber también es partidario de darles cera.

—A lo mejor vamos a bombardear el ocni, Doctora Banks.

—Ay, no, no lo bombardeéis.

—Lo bombardearemos. Han dicho la palabra «arma».

—Pero es que, por la información que tenemos acerca de su lengua, no sabemos si la palabra fue «arma» o  «herramienta» o «almendruco» o «Cincinati».

—No me líe, Doctora Banks.

—Yo creo que son gente maja.

—Ya está usando sus términos especializados, Doctora Banks.

—Por favor, no los bombardeéis.

—No entiendo adónde quiere llegar, Doctora Banks.

—¡Son buenos!

—¿Qué pretende, Doctora Banks?

—¡Que no los bombardeéis!

La cosa está muy tensa, pero de repente la Doctora Banks se da cuenta de que ya tiene el First de la lengua alienígena y empieza a pensar como ellos, con ideogramas de cercos de café, que son atemporales (o pantemporales, según se mire). Y entonces le viene la iluminación: el tiempo no existe y todos los instantes son simultáneos. Lo cual viene muy bien para saber lo que va a pasar. Y les pregunta a los pulpetes:

—¿Cómo es que nos dais esta herramienta tan cojonuda, que podemos ver el futuro con ella?

—Porque, como tú bien dices, nosotros, que vemos el futuro, sabemos que dentro de tres mil años, sí sí, tres mil años la humanidad nos va a ayudar con una cosa. Nos vais a sacar las castañas del fuego. Y nosotros pues os ayudamos también ahora.

—Mira qué bien.

Y efectivamente, la Doctora Banks se ve de pronto en el futuro en una recepción Ferrero Rocher del embajador que va monísima ella que se celebra en su honor por haber salvado a la humanidad. Esto se llama un flashforward, que es como un flashback pero del futuro. Allí se encuentra con el Coronel Chino que parece que entra fuerte, que va a trochón ahí a tirarle los tejos a la traductora maciza, porque apenas cruzan dos palabras y ya le está dando su número de teléfono personal. Pero no está interesado en ella de esa forma. Qué malpensados somos.

Salimos del flashforward y volvemos al presente y vemos que la Doctora Banks recuerda el número del chino y le llama por teléfono. Y sí, habla chino muy fluido. Y le dice:

—Oye, chino, no bombardear nada, eh.

—¿Quién es? ¿Qué horas son estas de llamar a una casa?

—No bombardear, mecagüendiós.

—Estamos contentos con nuestra compañía, gracias.

—Soy la Doctora Banks, traductora de lenguas peregrinas por la universidad de Wisconsin y maciza cásual.

—No conozco a ninguna Doctora Banks. Es más, ahora mismo estoy ocupado con bombardear un ocni y solo haré caso a las personas que me digan frases de las que me dijo mi difunta mujer en su lecho de muerte.

Entonces vemos otro flashforward de la fiesta del futuro con el chino dándole la chapa a la Doctora Banks con frases de su mujer moribunda. Y al verlas en el futuro, pues se las dice en el presente.

—Hostia, pues ya no voy a bombardear nada. Gracias por llamar, Doctora Banks.

Y la Doctora Banks le dice al Coronel Weber:

—Que los chinos no van a bombardear su ocni.

—Ah, pues nosotros tampoco bombardearemos el nuestro.

Al darse cuenta de su nuevo poder, la Doctora Banks podría haber ido a cantarles las cuarenta a los pulpetes, porque ella podía ir al futuro y aprender cosas de él, pero los jetas de los marcianos no se molestaron en pasarles a los humanos una lista de vocabulario de su idioma, que hubiera sido lo suyo. En vez de eso, les tienen allí días y días haciendo el canelo, porque mira que hacen el canelo, para aprender su lengua. Que ya no digo que vayan a dentro de tres mil años cuando ambas razas son BFFs y se comunican guay sin problemas, que solo tenían que haber ido unos meses al futuro cuando la Doctora Banks ya sabe comunicarse. Luego dicen que los españoles somos vagos, pero los marcianos a veces también. Pero la doctora Banks es un cacho pan y piensa, oye, pues que me quiten lo bailao, ya son ganas de crear mal rollo. Y no les dice nada.

Y se salvan todos y los ocnis se van y la Doctora Banks se enrolla con el científico que al final pues sí que la había ayudado en algunos momentos, también hay que reconocérselo al hombre. Y con él tiene una hija, que es la hija que vimos antes en unos fláshbackes pero que no eran fláshbackes sino flasfórwardes. Este es el giro bueno de la trama. Y vemos que, aun sabiendo la Doctora Banks que su hijita iba a morir de una extraña enfermedad, la tuvo igualmente. Y la quiso. E hicieron dibujos juntas. Y la amó durante los años que vivió. Porque aunque hayan venido los ocnis, lo importante es la familia y hacer dibujos con tu hija.

La películas es una profunda reflexión sobre lo que es ser madre y traductora y sobre la importancia del wifi en las áreas rurales.

Lo mejor: Cómo están hechos los marcianos y los ocnis.

Lo peor: Que los ocnis se vayan a la francesa.

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En Escuadrón Suicida triunfa el HAMOR

Tras el éxito de esta crítica de Jurassic World, que más que una crítica es un resumen, os traigo este resumen de Escuadrón Suicida por si no queréis gastaros el dinero en verla.

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Bueno, pues a ver. La película es muy bonita y muy entretenida y sale Will Smith.

ESPÓILERES DESDE YA.

Escuadrón Suicida es una película muy innovadora y muy fresquita porque los protagonistas son los malos y eso no debemos olvidarlo. Los buenos, que en esta película son el Gobierno y los marines y los seals, pues resulta que también son bastante malos. Y los malos, los malos de verdad, los enemigos de los malos, son aún más malos. Es como cuando vas al cine y pides las palomitas pequeñas y no tienen ese tamaño, porque solo tienen grande, muy grande y maxi. Aquí hay malos, muy malos y maxi.

Con Escuadrón Suicida aprendemos que los seres humanos son seres complejos y aunque sean malos, pueden tener hijos y quererlos y pueden hacer amigos con más rapidez incluso que las personas normales.

La película empieza con una señora muy formal y un poco siniestra que ha ido a un restaurante a fastidiarles la comida a unos altos mandos del ejército, porque se tira ahí horas y horas dándoles la chapa. Pero todo tiene una explicación. La mujer trae un álbum de fotos donde se ve a todos los miembros del Escuadrón Suicida y eso lo usan los guionistas como recurso muy inteligente para ir haciéndonos unos fláshbackes donde iremos conociendo a estos pintorescos personajes. También los del equipo de edición han querido echar una mano con esto y han puesto con WordArt unos carteles alrededor de los personajes con adjetivos que describen su personalidad como «impredecible», «gruñón» o «amigo de sus amigos» y así podemos seguir mejor la trama, porque conocemos a los personajes más a fondo.

Los fláshbackes son lo mejor de la película, porque sale Batman, sale Flash y sale Harley Quinn antes de ser psicópata, que era una muchacha muy aseada y muy trabajadora cuyo único error es darle una metralleta al asesino más despiadado que ha conocido Gotham City y tirarse a un tanque de ácido (muy diluido eso sí, porque acaban echando un quiqui en él, pero es lo que tiene la juventud, que te da igual un Seat Ibiza que un tanque de ácido).

También en esta parte conocemos a June Moone, una exploradora de la selva que, según dice la jefa, «se metió en la cueva equivocada». Pues bueno, depende de cómo lo mires. En esa cueva había unos tesoros milenarios y unos poderes muy cósmicos y muy omnímodos, o sea, que visto desde una perspectiva arqueológica, era la cueva adecuada. Lo que pasa es que la mujer era curiosa y abre una botella donde estaba encerrado un espíritu y es poseída por él. Y claro, estar poseída por un espíritu es muy esclavo y ya te deja poco tiempo para la tesis de arqueología. Pero la jefa ha encontrado la manera de mantener al espíritu este más o menos controlado: volvió a la cueva (vaya, parece que no era tan «equivocada») y cogió el corazón del espíritu, que es un poco como un moñeco vudú, que si tu lo estrujas o lo pinchas con un boli bic, el espíritu se resiente y se caga en tus muertos.

Además de eso, el espíritu está controlado de otra forma: solo aparece cuando la respetable arqueóloga June Moone dice «Encantadora» (que es el nombre del espíritu y es muy irónico, porque no es encantadora, sino más bien una bruja de cuidado). Entonces Encantadora toma el cuerpo de June Moone y conviven las dos en el cuerpo de Cara Delevigne, como el Doctor Jekyll y Mister Hyde o como José Mota y la Blasa.

La jefa presenta a encantadora ante un comité de estos de los Estados Unidos con muchos generales maduros muy serios alrededor de una mesa. June Moone (un poco a regañadientes, todo hay que decirlo) invoca a encantadora y ninguno de los generales se inmuta porque son gente muy vivida, están de vuelta de todo: han sufrido mucho en el Golfo y un ente extraterrestre con poderes sobrehumanos tampoco les perturba. Es más, uno dice que no tiene tiempo para juegos de magia y entonces la jefa le hace un gesto a Encantadora y en un segundo viaja a Teherán, se infiltra en la cámara acorazada de la base secreta subterránea del Ministerio del Mal y roba un informe muy secreto y se lo tira encima de la mesa al general incrédulo. ¿No querías magia? ¡Pues toma dos tazas! Aunque el informe está escrito en árabe, por suerte los iraníes se han afanado en dibujar los misiles cayendo sobre ciudades y muchas calaveras que representan muerte para que cualquiera que coja ese informe sepa al instante, sin asomo de duda, que lo ha escrito gente muy malvada (mira, más malos) y con muchas ganas de bombardear ciudades.

Y así, con todo el percal de la posesión demoníaca, June Moone se echa un novio que es muy buena gente y que tiene un trabajo estable como agente especial del Gobierno o nosequé, y es probablemente de los pocos buenos buenos que salen en este filme y que al final será muy importante.

A partir de aquí los acontecimientos se precipitan. Y todo se desata porque un día, estando en un hotel tan ricamente, June Moone, sin saberse muy bien por qué, dice “Encantadora” e invoca al malvado ser que habita en su cuerpo. Que aquí los guionistas se lo podrían haber currado un poco más y haber hecho que entrara en el hotel y dijera “¡Qué habitación más encantadora! ¡Oh, mierda!” o algo tipo “¡Jamás volveré a invocar a Encantadora! ¡Oh, mierda!”. El caso es que, una vez invocada, Encantadora hace unos viajes astrales de esos que hace ella y libera a su hermano que es otro bicho como ella y jura destruir a la humanidad con una máquina. Esto es importante. Recordémoslo: con una máquina.

Así que el novio llama a la jefa y le dice “Ha escapado”, porque ya se sabe, a buen entendedor, pocas palabras bastan. Y la jefa se queda ojiplática. “¡Repite eso!”, le espeta. “HA ESCAPADO”, le dice el novio. Que aquí vemos el verdadero significado del refrán: pocas palabras se refiere a pocas palabras distintas, aunque puede ser que a un buen entendedor haya que repetirle las mismas dos palabras varias veces.

Pero entonces la jefa piensa: «Joder, pues la verdad es que no podría haberse escapado esta mujer en un momento mejor, porque ahora, justamente ahora, acabo de formar un cuerpo de élite con los malos más poderosos del mundo y puedo mandarles a una misión suicida sin mucho remordimiento de que se mueran, porque como son malos…» Aquí vemos que era una mujer muy previsora.

Mientras tanto, Encantadora y su hermano se hacen muy poderosos en el centro de una ciudad (Midway City) y la gente huye y aquello está como el día después de los Sanfermines, con mucha basura por el suelo, mucho caos, mucha resaca electoral.

Y hasta allí llevan a los supervillanos, que van a colaborar con el Gobierno porque les han puesto unos chips en el cuello que, si desobedecen, pueden hacerlos explotar con una aplicación en el móvil que tiene la jefa. Que se ve que esa escena la han eliminado, pero hubo un desarrollador, haciendo todo un interfaz muy cuqui con las caras de los miembros del equipo. Una de las emociones más intensas que tiene el espectador al ver esa película es ver a la jefa con el móvil por ahí tan alegremente con la aplicación abierta. Por un lado estás preocupado por la batería de ese móvil, que está todo el rato encendido, y por otro tienes miedo de que la jefa dé sin querer a las caras y los mate, porque todos hemos dado un megusta a una foto de instagram sin querer.

Y ahí están todos los supervillanos: Will Smith, que dispara con mucha precisión; Harley Quinn, una mujer cuyo único mérito es haber sido la novia del Joker (es un poco la Belén Esteban del grupo); El Capitán Bumerán (os juro que no me lo estoy inventando), que es muy mañoso con los bumeranes, pero que su característica más principal es ser australiano; Killer Croc, una especie de Shrek que respira bajo el agua; Diablo, un tipo piroquinético que controla el fuego con la mente (que es lo que significa piroquinético, esto no tendría ni que explicarlo) y que es muy zen. El hombre sabe que ha hecho mucho mal en la vida y ahora ha decidido no usar sus poderes y mantenerse en calma y meditando y tal. Lo cual esta muy bien, pero luego Will Smith le pica un poco (muy poco) en plan: «Ay, qué tonto eres, Diablo. ¡Granuja! ¡Pasmarote!» y eso le enfurece mucho y se pone a calcinar y a deflagrar que da gloria verlo.

A todos estos los conocemos porque hemos visto sus fláshbackes y sus WordArts, pero de pronto llega un nuevo miembro que no ha tenido flashback ni WordArt, y eso ya nos da una pista de que mucho no va a durar. Llega en una bolsa como de cadáver, en vez de en coche como los demás, y eso también nos da una pista de que va a durar poco. El hombre sale de la bolsa, le dicen que no se escape, que si se escapa lo matan con la app, y él dice: “Pues mira, no me lo creo” y se escapa y lo matan con la app. Y otra vez pa la bolsa (qué previsora es esta jefa, de verdad). Y Will Smith, que es así el que tiene más corasonsito de todos y que acaba encariñándose con algunos de ellos, sentencia: “Mira, no me ha dado ni pena, porque no tenía ni flashback”. Y la jefa, a través de Skype, les dice que venga, que se pongan en marcha.

Aquí ya empieza la acción, de repente es de noche y hay que meterse en harina. El novio de June Moone es ahora el jefe del batallón y les ha engañado un poco a todos. Les ha dicho que lo que hay en la ciudad es un ataque terrorista, les dice «lo típico, unos moros con AK-47» o algo así. También nos presentan a Katana, una asesina espadachina japonesa que matará a quien sea si desobedecen las órdenes. ¿Pero para eso no teníamos ya la app en el móvil de la jefa? Pues sí, pero ya hemos visto que esta jefa es muy previsora. Harley Quin, que es así más inquieta la mujer, ve en medio de la ciudad una rayo de la muerte elevándose hacia el cielo y dice: «Eh, ahí hay un rayo de la muerte, probablemente creado por seres muy poderosos y muy malignos, elevándose hacia el cielo». Pero el resto del equipo no la toma muy en serio. Al fin y al cabo su misión es acabar con los terroristas musulmanes.

Dentro de la ciudad tienen que matar a unos seres asquerosos, amorfos, sin rostros, con sangre negra, una piel negra, bulbosa y grasienta y una constitución vagamente simiesca. Aunque esto pudiera parecer prueba suficiente de que lo que había ahí no era un ataque terrorista sino un poder demoníaco, nuestros protagonistas se limitan a matarlos sin hacerse muchas preguntas. Hasta que Will Smith encuentra unos archivos secretos en los que ve que lo que hay ahí no es un ataque terrorista de toda la vida, sino un poder demoníaco y se enfada y se siente herido y se va a un bar. Que ahí se ve que Midway City es una ciudad muy española, que incluso en el Apocalipsis encuentras bares abiertos. Y poco a poco van sumándose los otros supervillanos. Se suma también Katana, que en principio no era supervillana, pero que, en la tesitura de quedarse con el novio de June Moone o irse con sus amigos cosplayers, opta por lo segundo. Al final es que va hasta el novio al bar, así que tampoco tenía tanto drama la escena.

Ahí en el bar se toman unas copas muy bien preparadas, muy de barman profesional, que nos hemos perdido quién las hacía porque estábamos viendo a Katana decidir si entraba o no. Y esa habilidad para hacer cócteles es más superpoder que las habilidades de algunos de ellos (como la del notas del bumerán). Ahí en el bar se convencen los unos a los otros de que son un equipo muy pepino y que son la única esperanza para la humanidad para acabar con Encantadora y su hermano. Y ahí que van.

Primero suben a un edificio, porque tienen que rescatar a alguien… y… ¡Oh! ¡Era la jefa! Bueno, la jefa y otros cuatro trabajadores del gobierno a los que ella mata de cuatro tiros no sé muy bien por qué, creo que porque estaban ahí sin haberlos dado de alta en la seguridad social (y luego que si hay paro), y no quería meterse en problemas. Lo malo es que al poco de rescatar a la jefa, los malos la atrapan y la meten en una sopa de extracción de recuerdos y así los malos pueden dirigir su rayo de la muerte hacia objetivos muy concretos: como un satélite del gobierno o una base secreta.

Este es el momento culmen de la película, porque vemos que la jefa era tan previsora que hasta sabía la posición del satélite en el espacio en cada momento, lo cual hizo que pudieran lanzar un rayo de la muerte contra él. Para entender la importancia de este hecho, el director nos traslada a un centro de mando del gobierno con muchas teles y un señor medio militar medio burócrata se lleva las manos a la cabeza diciendo: «¡Era nuestro mejor satélite!». También destruyen con el rayo de la muerte una base secreta y el burócrata exclama: “¡Era nuestra base más secreta! ¡Es como si el rayo hubiera absorbido las memorias de la jefa!”.

Total, que los protagonistas se acercan ya al cuartel general de la mala y no tienen ningún plan, pero aparecen unos US SEALS que andaban por ahí y les dicen:

—No os preocupéis, tenemos puesta una bomba justo debajo de este edificio. Hace tiempo ya que la pusimos. Si la detonamos, morirán.

—Perfecto, entonces hacedlo.

—Ishh… Es que hay que accionarla manualmente.

—Pero hombre, ¿qué os costaba ponerle un control remoto?

—Si ya, si ya…

—Bueno, pues que vaya alguien a activarla.

—Ishh… Es que está en un túnel subterráneo que está inundado.

—No preocuparse, nosotros tenemos en el equipo a Killer Croc, mitad hombre, mitad cocodrilo, que lleva toda la película sin hacer nada. Nada de puta madre y respira bajo el agua y estaba ya un poco mustio el hombre pensando: «Jolín, a ver si no va a haber en esta misión ninguna parte de bucear bajo el agua».

—No. Iremos nosotros, los US SEALS.

—Pero escúchame, te estoy diciendo que este tío respira bajo el agua, nada muy bien, especialmente en entornos así oscuros y alcantarillescos y no ha hecho nada en toda la película.

—No sé, no sé. Creo que es mejor que vayamos los US SEALS, que es nuestro trabajo.

—Pero es que a Killer Croc también le han contratado para eso.

—Ah bueno, pos oc.

Y los US SEALS con Killer Croc se meten ahí y se infiltran y, mientras tanto, los otros van por la superficie para distraer a Encantadora y su hermano. Al llegar, Encantadora les dice:

—¡Ya he terminado mi conjuro!

¿Conjuro? ¿Pero no era una máquina?

—Erm… Seh… Eso quería decir… Mi máquina…

Vamos, que no se aclara ni ella, que es la propia artífice del rayo del mal, así que no me extraña que al final fracase.

El hermano está ahí también, que se ha convertido en un gigante de fuego muy fuerte y poderoso. Al verlo, todos se acojonan un poco, normal.

—¿Qué vamos a hacer con ese gigante de fuego tan fuerte y tan poderoso?

A lo que Diablo el piroquinético responde:

—Pues al hilo de lo que estáis diciendo, comentaros que tengo un poder que es convertirme en un gigante de fuego, un poco más fuerte y un poco más poderoso que ese.

Mira qué bien, mira qué suerte. Esto, que es muy sorprendente, si eres un espectador sagaz, ya lo ibas sospechando, porque antes te han puesto un flashback de Diablo después de haber perdido el control en un ataque de ira, lamentándose porque ha quemado toda su casa y su mujer y sus hijos. Que uno puede pensar que lo que se le ha ido de las manos es solo su poder de piroquinesis, no el poder de convertirse en un gigante de fuego, pero esa es la magia del cine, así juegan contigo los guionistas.

Y Diablo, convertido en un gigante de fuego, lleva al malo justo hasta el sitio donde está la bomba por abajo y la explotan y él se sacrifica, pero da muy poca pena, porque era un ser atormentado y como habían muerto su mujer y sus hijos, pos todo oc.

Y ya solo queda la Encantadora, que está ahí flotando ante el rayo de la muerte y les dice a los protas que se unan a ella (aquí ya vemos que Encantadora no las tiene todas consigo), que juntos gobernarán la galaxia y cosas así. Pero no los convence, porque serán supervillanos, ladrones, asesinos y sabandijas carentes de ética alguna, pero en estas últimas 18 horas se han hecho amigos, y un amigo es un tesoro. Aquí podríamos haber entrado en una sosegada reflexión acerca de la moralidad o no de subyugar a la humanidad, pero lo importante es que triunfa el HAMOR.

La mejor de todos es Harley Quin, que le dice a Encantadora que vale, que se va a unir a ella (pero ¡es mentira!, aquí está la genialidad de su plan) y Encantadora le dice que se arrodille y ya, que aunque sea un ser cósmico, milenario y transdimensional, los ritos del Medievo significan mucho para ella. Y Harley Quinn se acerca y empieza a decir:

—Me arrodillaré…

(Aquí Encantadora tenía que haber estado un poco avispada, porque los puntos suspensivos esos no podían significar nada bueno.)

—…pero…

(Y ya se sabe, que siempre que hay un «pero», todo lo que se ha dicho antes es como si no contara, eso lo he visto yo en Facebook un millón de veces, pero claro, Encantadora lleva miles de años encerrada en un jarrón y no ha leído Facebook.)

—…antes voy a…

(Llegados a este punto a mí ya me da pena Encantadora, tan ingenua la mujer, tan confiada, que entre pausa y pausa no le da por sospechar ni un poquito.)

—…hacer una cosa…

(Tan confiada es que ni mira para abajo, que si lo hubiera hecho, habría visto que había una espada muy bien puesta justo a los pies del rayo mortal.)

—…una cosa secreta…

(Y menos mal que está ahí esa espada, porque Harley Quinn va armada con un bate de béisbol, que hay que ver lo rácanos que son los del Gobierno Federal, que mandan ahí a la ciudad tres helicópteros Phantom Tiger Ranger Fighter con los depósitos llenos y no son capaces de darle a Harley Quinn un arma en condiciones.)

—…y esa cosa secreta es…

(Aunque ahora que lo pienso, Harley Quinn también lleva una pistola, que a lo mejor no es todo culpa del Gobierno Federal y la muchacha también va un poco a su bola en lo que a armamento se refiere.)

—…¡MATARTE!

Y coge la espada, se lanza contra Encantadora y le raja el pecho o algo así. Y creo que hasta le saca el corazón (que lo había recuperado en alguna escena del medio). Y en ese momento alguien lanza otra bomba contra ella, pero como las bombas esas que tienen son de detonar a mano, pues uno piensa que va a ser tontería, que a lo mejor le hace un chichón en la cabeza, pero poco más, pero NO. A estas alturas ya nos hemos olvidado de que Will Smith es un tirador de élite y con mucha precisión dispara y la bomba explota y la mala muere y el mundo se salva.

Y se ponen todos muy alegres (se les ha olvidado ya que han muerto dos de sus compañeros) menos el novio de June Moone, ese está triste triste porque al lanzarle una bomba a Encantadora, pues también muere June Moone… ¿o no? Pues efectivamente no. June Moone está viva debajo de una especie de cáscara negruzca y sale y se abraza al novio. La única explicación para que siga viva es el poder del amor, porque ya me dirás cómo va a sobrevivir a ese pepino de bomba. Y empieza a sonar música y hace sol y rulan los daiquiris y llega la jefa y les dice que ya que han salvado a la humanidad les va a hacer una reducción de condena y, además, a Killer Croc le va a poner el canal Hip Hop en la celda (no una tele, no: el canal hip hop; que por las mañanas intenta hacer zapping para ver Espejo Público y no puede, porque solo sale el canal Hip Hop), a Harley Quinn le pone un Nespreso en la celda y a Will Smith le permite ver a su hija.

Esto es muy emotivo, porque en la siguiente escena vemos a Will Smith con su hija explicándole el teorema de Pitágoras, y esto nos lleva a otra reflexión: Tiene apenas unas horas para estar con ella y las pasan haciendo deberes de matemáticas, ¿no estamos cargando a nuestros hijos con demasiada tarea para casa? Como vemos, aquí la película también se posiciona socialmente.

Hay que esperar en los créditos, porque al final sale Batman un poquito más diciéndole a la jefa que menuda es ella.

Ah, y también sale el Joker.

En resumen, una película redonda.

Lo peor: han tenido que quitar mucho metraje del Joker para meter teléfonos y tablets de Samsung.

Lo mejor: que triunfa el AMOR.

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En Jurassic World triunfa el HAMOR

Desde hace años me pongo “como deberes” escribir críticas en FilmAffinity. Cortas, densas y ligeras. Es un pequeño ejercicio que fortalece la visión crítica, la capacidad de síntesis y el autobombo. Aunque ninguna de mis críticas lo ha petado mucho. Pero hoy he escrito esta mamarrachada sobre Jurassic World, que no es una crítica, sino contar la película. Aquí la tienen:

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Bueno, pues a ver. La película es muy bonita y muy entretenida y salen dinosaurios.

ESPÓILERES DESDE YA.

Jurassic World lo que trae de nuevo, de fresco, de que dices hostia pues esto sí que no me lo esperaba es que han hecho un dinosaurio nuevo. Se lo han sacado un poco de la manga. Como al fin y al cabo el parque es un negocio, pues hay que seguir trayendo gente a que vea los dinosaurios.

Y eso, que se inventan un dinosaurio nuevo para que dé mucho miedo, que eso es lo que quiere la gente cuando visita según qué sitios. Este dinosaurio es muy peligroso y muy criminal y desde el principio su única ilusión es comerse a todas las personas, incluidas las que son otros dinosaurios. Pero esto lo vamos a ver después.

El caso es que el dinosaurio clonado se escapa. Y la cosa va más o menos así:

—¡Ay! ¿Cómo ha podido trepar el muro?
—Oh, cielos, le pusimos genes de mono trepador, ¡lo habíamos olvidado!

—¡Ay! ¿Cómo ha podido camuflarse?
—Oh, cielos, le pusimos genes de camaleón, ¡lo habíamos olvidado!

Y ya toda la parte de buscar al súper dinosaurio es toda así:

—¡Ay! ¿Cómo ha podido cruzar el río?
—¡Oh, cielos! ¡Los genes de nutria!
—¡Ay! ¿Cómo ha podido saltar el acantilado?
—¡Claro! ¡Los genes de canguro!

Y con los superpoderes de todos los animales, el dinosaurio malo va destruyendo el parque y atemorizando a la gente. Creo que se come a un abogado, como el rex de la peli vieja. O no. No me acuerdo ya muy bien.

Paralelamente tenemos la historia de un macizo que adiestra velocirraptores, que en cada entrega de la saga hacen cosas nuevas y tienen una pinta distinta (los velocirraptores, no los macizos) y eso me gusta. En esta, por ejemplo, son como perretes y han hecho manada. Y el macizo es como César Millán, porque les da la comida y los entrena y, bueno, pues le respetan un poco y hacen esfuerzos por no comérselo. Y eso hay que reconocérselo.

Esto lo he contado porque cuando el súper dinosaurio clonado va rompiendo todo el parque primero intentan detenerle con sus protocolos de emergencia, que son un poco cutres, porque no le detienen ni nada. Así que llaman al macizo y éste va con los velocirraptores. Él va en una moto (César Millán también usa patines cuando sale a pasear a los perros) y es de los mejores momentos de la película, porque me gusta mucho que salgan dinosaurios buenos. Pero cuando llegan al súper dinosaurio, éste se sienta a hablar tranquilamente con los velocirraptores y solucionan las movidas que tenían entre ellos y ya no le atacan. Esto puede parecer una tontería, pero es que se les había olvidado que también le habían puesto genes de velocirraptor. Y más o menos les convence a todos, menos a uno, que va a salir al final.

La trama ya se enreda mucho y hay unos pterodáctilos volando, que eso está guay, porque en las anteriores no había pterodáctilos, aunque tienen que matarlos a balazos para que no se coman a unos niños muy repelentes que, aunque no lo he dicho hasta ahora, son los protagonistas de la película.

Total, que al final el súper dinosaurio llega a lo que es el centro del parque, donde está todo el mundo. ¿Pero cómo sabe dónde está toda la gente? Vaya, se nos olvidó que también le metimos genes de saber dónde esta toda la gente.

Y ahí, en medio del parque, el dinosaurio mutante está a punto de comerse a los protagonistas cuando se les ocurre una idea muy buena, que es liberar al tiranosaurio rex para que luche por ellos un poco rollo Pokémon (¡Te elijo a ti!). Y el tiranosaurio que es muy bien mandao, sale a batirse con el dinosaurio malo. Atentos al simbolismo, porque aquí el dinosaurio clásico, el original, el auténtico, tiene que salvarlos del nuevo, del remake. Vaya tela.

Pero claro, el tiranosaurio no tiene los genes de luchador grecorromano que tiene el dinosaurio nuevo y va perdiendo. Por poco, sí, pero va perdiendo. Hasta que, por fin, llega el velocirraptor que se había mantenido fiel a César Millán, y el animalico (que es pequeño en comparación con los otros) aporta justo la diferencia que el tiranosaurio necesitaba para ganar.

Aunque bueno, al final no le matan ellos, le mata el plesiosaurio que salía en el tráiler (y puede que también en la película incluso), que se ve que con todo el lío del apocalipsis jurásico pues lo tenían sin haberle dao la merienda. Trabajo en equipo. La película acaba con el velocirraptor, el tiranosaurio y el plesiosaurio saltando y chocando esos cinco en el aire. Se queda la imagen fija y suena Don’t You Forget About Me y arrancan los créditos. Es un momento tan emotivo como paleontológico.

Ah, también salen personas en la película. Los niños repelentes son unos hermanos que van de vacaciones al parque a ver a una tía que por lo que sea ya no tiene mucho trato con la familia y que salía en “La joven del agua” un poco desnuda.

El niño mayor sólo piensa en volver a casa a tirarse a su chica, porque está en esa edad en la que ni los monstruos prehistóricos redivivos te pueden distraer de lo que viene siendo el quiqui. El niño pequeño es peor, porque es muy sabihondo y sabe todo de los dinosaurios y tiene que hacer comentarios explicando lo obvio porque padece SCO, el Síndrome del Clip de Office. O sea, que como los niños de la primera, pero más feos estos, todo hay que decirlo. Otras prendas tendrán los chavales.

Así que con toda esa grima que te dan, pues también te da rabia que no se los coma un espinosaurio o un esmilodón aunque sea. La tía, por su parte está muy preocupada porque los niños se pierden justo cuando se escapan los dinosaurios y aunque le importan sus vidas (tiene buen fondo la mujer) también anda muy preocupada por la bronca que le va a caer de su hermana, la madre de las criaturas (humanas).

Y este es el personaje que más evoluciona, porque al final, y gracias a la amenaza de unos rectiles gigantes, descubre que lo que importa en esta vida es el HAMOR. Y, por ejemplo, se enrolla con César Millán mientras matan pterodáctilos. Que, oye, cada uno hace los preliminares como le parece. No es el momento ni el lugar de juzgar esas cosas.

¿Qué más? Ah, sí. En esta peli encontramos dinosaurios buenos (avance), pero no gordos buenos (vaya). En esta, como en la peli vieja, también hay un gordo que intenta robar el ADN o nosequé y también acaba ajusticiándolo un Piecito que pasaba por ahí.

Lo mejor: El 70% que es como la peli vieja.
Lo peor: Que triunfe el amor.

Besis.

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¿Qué hacemos con el muerto? – Impresiones de “Pasos al azar”

Ayer vi “Pasos al azar”, una obra de teatro que se repesenta en el Espacio 8. Fue genial. Y sigo tan impactado que tenía que escribir un post.

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Tres actrices de sainetes del Siglo de Oro español se encuentran en medio de la estepa castellana sin compañía, sin víveres, sin tragedia que representar y con el cuerpo sin vida del director. Y se preguntan: ¿qué hacemos con el muerto?

¿Enterrarlo? En la España de la cultura que florece abonada por una sociedad que se descompone, las mujeres no pueden hacer nada sin la tutela de un varón. ¿Llevarlo consigo? Transportar un cadáver de aquí para allá no parece la mejor de las ideas, así que, ¿qué hacemos con el muerto?

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Foto sisada del twitter de Estudio 8 (@estudio8arte)

Pasos al azar la dirige Rolando San Martín y la interpretan Raquel Guerrero, Elena Seguí y Ángeles Páez, quien, además, es autora de la obra. Las tres revientan el escenario, te ponen el alma patas arriba, te hacen reír, te asustan, te ponen triste e incómodo y, lo mejor de todo, te hacen pensar. Estás ahí y te dices: Esto. Esto era el teatro.

“¿Anónimo? Entonces es que lo escribió una mujer” La obra es una apología a las mujeres del teatro, actrices y dramaturgas, que vivieron en una época difícil, que rompieron los primeros estereotipos y salieron a los caminos a hacer teatro, en lugar de quedarse en casa y ser esposas como Dios manda.

Un texto divertido y trágico, pero sobre todo inteligente, que te engancha desde la primera frase y te mantiene boquiabierto hasta el final de la obra. Unas actrices carismáticas y todoterreno, capaces de saltar de la risa al llanto, que llenan el escenario en su totalidad. Y además son súper majas. Después de la obra se quedaron un ratillo de charleta con nosotros.

Pero tal vez lo que más me gusto fue la reflexión acerca de los elementos que se dan por obvios en cualquier forma de expresión artística: esos límites (más intelectuales que físicos) que los artistas se autoimponen.

Por ejemplo: volvamos a Grecia. Allí las mujeres no podías ser actrices, sólo había actores hombres. Sin embargo, los autores escribían obras en las que aparecían mujeres. ¿Cómo se solucionaba esto? Los hombres se vestían de mujeres y todos entendían que eran muejres. Hoy en día todos sabemos que David Caruso es un actor, no el jefe del CSI de Miami. Y a pesar de eso, podemos involucrarnos en la historia. Es lo mismo.

Entonces, imaginemos qué pasaría si un dramaturgo griego decidiera romper esas convenciones que “se dan por sentadas”. ¿Y si, tras un primer acto con un actor interpretando a una mujer, otro actor le pregunta por qué no se quita ese disfraz y se muestra como el hombre que realmente es? El público es ciego ante las convenciones.

El año pasado me hice con Fraction, del mangaka Shintaro Kago. En esta historia de suspense gore, el autor se dibuja a sí mismo, como un personaje más en el cómic, y explica que cada viñeta puede ser un engaño, que todo lo que creemos ver en un cómic son convenciones, y nos desafía a resolver el crimen dándonos cada vez más pistas… Lo cual sólo consigue desesperarte aún más.

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Teoría de cómo te podría engañar un cómic by Shintaro Kago

Esto es algo que también domina bastante bien el director de cine Nacho Vigalondo. Aunque ya juega con las convenciones en el episodio 2 de Código 7, mi ejemplo favorito es el de su corto “La bolita”, tristemente desactualizado a día de hoy. La idea de “La bolita” era distribuir el corto en formato .mov para que la gente lo reprodujera con QuickTime, y así incluir el aspecto del reproductor como parte de la ficción. Aquí podéis ver un sucedáneo.

Pues eso. Que también hay un poquito de esto en “Pasos al azar”. Y momentos bastante graciosos. Y sorpresas. Y anacronismos. Y declamaciones en verso más que correctas. La obra habla del teatro del Siglo de Oro pero con un lenguaje del Siglo del Silicio.

Elena Seguí la define como la primera tragedia contemporánea. Yo la defino como la mejor experiencia teatral de mi vida. Una bomba de emociones amplificada por el espacio peculiar de la sala de Espacio 8.

Cuando todo lo que creías saber de una obra se viene abajo, cuando los prejuicios desaparecen y ves con ojos nuevos, cuando las convenciones se desmoronan y caen sin vida a tus pies, ¿qué hacemos con el muerto?

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Qué barato es ser rico

Hace poco he empezado en un nuevo trabajo. En uno de verdad. En una oficina, haciendo cosas “de lo mío”, con una silla con ruedas y un cajón con carpetas colgantes. Es la primera vez que no soy camarero ni profe particular ni chico de prácticas. Y he tenido un pensamiento: Qué barato es ser rico.

Nutirapoly!

Desde luego que yo no soy rico. Ni mis papás van a dejarme una suculenta herencia, ni mi sueldo ahora mismo es para tirar cohetes, pero sí que soy más rico que antes. Todo empezó la mañana en que me acerqué a la máquina expendedora que hay junto a las escaleras. En ella, las botellitas de agua cuestan 40 céntimos, las de cocacola, 55, y los sándwiches, un euro. Sí, no es que sea ninguna ganga, pero me sorprendió que fueran precios razonables.

Es curioso que siendo estudiante tuviera que pagar un euro y pico en la máquina de la facultad por un nestea, y ahora, que gano dinero, me lo rebajen a la mitad. Vaya ironía, ¿no? Pues no tanto, si seguimos subiendo en la pirámide social, nos encontramos con el Rey, que me imagino que le inviten a nesteas vaya adónde vaya. Y por debajo de Sumaje, encontraríamos a empresarios que trabajan en sitios geniales, donde siempre tienen nesteas en una neverita, que se va rellenando con dinero de la empresa sin que ellos sepan muy bien quién los compra ni quién los pone ahí.

Por esos días también me estaba planteando yo apuntarme a una academia para aprender francés. Encontré una en el centro bastante barata, con clases semanales que se pagaba mes a mes, pero que, si lo pagabas todo de un tirón, podías ahorrarte hasta un 50%. Ahora tengo un sueldo, sí, no soy tan pobre como cuando era camarero los fines de semana, pero no puedo pagar todo ese dinero de golpe, aunque sea para ahorrarme la mitad. Si alguien puede pagarlo es que gana bastante más dinero que yo, y, sin embargo, la rebaja es para él. Qué barato es ser rico. Hay que ganar bastante más dinero para poder permitirse pagar la mitad.

¿Habéis oído eso de que un coche nuevo pierde el 18% de su valor nada más salir del concesionario? Pues bien, eso sólo se aplica a los coches de pobres: a mi Citroën Saxo modelo industrial, o al Kia Joice de mi madre. Los coches deportivos y de lujo van aumentando su valor según pasa el tiempo, y pasan de ser novedades a antigüedades. Si yo quisiera vender ahora el Saxo, no sé si me darían 200 euros. Vamos, que aquí se cumple lo de que le llenas el depósito y doblas su valor. Pero si fuera rico y mi Citroën fuese un Lamborgini, ya añejo de 20 años, podría venderlo por más precio y gastarme los beneficios en una langosta de oro (o en lo que sea que se gasten los ricos sus dineros).

Es muy difícil salir de la riqueza. Muy -pero que muy- mal te lo tienes que montar para arruinarte. O esa sensación me da, a mí que siempre he sido de clase media-tonta. Y ésta es la visión que tengo yo, que no sé nada del mundo, y que sólo rasco un poco la superficie. En el fondo en la estructura profunda de este sistema, supongo que es donde está el verdadero problema. De ahí aflora lo de la deuda privada convertida en deuda pública para que todos los pobres podamos pagar las cagadas de los ricos, para mantener el statu quo.

Hay que hacer todo lo posible por mantener baratas las cosas de los ricos.

Llámenme comunista. Llámenme lo que quieran. Pero que esto sea así es una canallada.

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Yo de mayor

Últimamente conozco a mucha gente de la que pienso “Jo, yo de mayor quiero ser así”.

De hecho, la clase de gente a la que deberías parecerte está por todas partes. De todo el mundo se puede aprender. Simplemente en unos casos se nos hace más obvio que en otros.

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Yo me marcho de Lituania en un mes. Me traje una maleta gigantesca a principio de curso y luego otra no-tan-ciclópea después de navidades. Y aquí… Aquí he comprado de todo: material de oficina, útiles de cocina, ropa, libros, regalos… Además, estando aquí me han regalado un pez y un conejo de peluche y unos muñecos de plástico de Batman y Campanilla. Vamos, que así a lo tonto me he juntado con una cantidad ingente de cosas.

¿Qué voy a hacer con ellas? Buena pregunta. Algunas las he tirado, otras las tiraré. Algunas las he regalado y otras aún están por regalar (esto me hace mucha ilusión, dar cosas a la gente…). Tengo ropa que se ha ido a Caritas, pero en general, la mayor parte de la ropa volverá a Valladolid en dos paquetes que mandaré un día de estos.

Pero las tazas… AY MADRE. Qué tazas más bonitas he tenido aquí. Entre compradas y regaladas, me he juntado con 5, y me da mucha pena deshacerme de ellas. También me compré un flexo, para estudiar por las noches sin molestar a mis compañeros de habitación. Y el flexo, las tazas, y otros utensilios de cocina… Esos no se van a venir.

A veces hay que tomar decisiones. Al fin y al cabo son sólo tazas. ¿Por qué pienso ahora que poseerlas me dará tanta felicidad que merecería hacer un tercer paquete para Valladolid? En Valladolid ya no caben más tazas en casa…

Joder, son putas cosas. COSAS. Ni siquiera son libros, que uno pueda leer una segunda vez. Y aún tratándose de libros… Realmente ¿cuántos libros de los que atesoramos con tanto celo hemos releído? ¿Cuántos volvemos a consultar? Si ya está todo en Internet.

Me vuelvo a Valladolid y tengo que tener la mente fría y mirar las cosas con perspectiva. Este catálogo de Lego en lituano ahora me parece la octava maravilla pero, seamos claros, es basura. Tengo que entender que un abrigo que está en buenas condiciones sí me será útil, pero cinco pares de calcetines con tomates remendados veinte veces, por muy bonitos que sean, no merece la pena llevarlos de vuelta.

Ahora todo está lleno de recuerdos. Todo tiene un valor emocional elevadísimo y no quiero deshacerme de nada. ¿Por qué somos así las personas?

Cuando vine a Lituania, viajé sólo con una mochila, en la que llevaba lo básico: la bolsa de aseo, el ordenador, el pijama, tres camisetas y tres mudas.

El resto venía en el maletoncio gigante que, para no facturarlo dos veces, mandamos por una empresa. En la empresa eran un poco julays y mis cosas tardaron un mes en llegarme.

No pasó nada. No noté la diferencia. Tal vez tenía que lavar la ropa un poco más a menudo, pero eso hacía el trámite mucho más liviano.

Joder, seguro que has oído un millón de veces aquello de que las cosas nos atan, de que la felicidad no está en lo material… Pero, ¿cuántas veces en la vida podemos experimentarlo realmente? Yo lo he experimentado un poco y os juro que es verdad.

Y soy la peor persona para decirlo, porque soy coleccionista, y eso es guardar, atesorar, acaparar. Justo lo contrario de lo que estoy predicando. Colecciono libros de Isaac Asimov en distintos idiomas, colecciono videoconsolas antiguas, atesoro libros, discos y películas… Y no me gustaría pensar en deshacerme de todo eso.

Pero tal vez tenga que hacerlo algún día. Tal vez sea porque he madurado (poco probable) o porque necesito dinero (más probable).

Y llevaba unos días viendo a mi amiga @SnowFey poniendo anuncios en Twitter, diciendo que vendía esta o aquella cosa para sacarse unas perrillas para pagarse la matrícula de la universidad del año que viene. Un disco de Mónica Naranjo, fue lo primero que vi.

Y, coño, es que es un puto disco. Puedes escuchar las canciones por Internet, pero la carrera no te la puedes descargar, ni sacar de la biblioteca, ni le puedes pedir prestado el título a un amigo…

Mis decisiones están siendo mariconadas comparadas con eso. Yo decido si la taza verde se queda o se viene. @SnowFey se está jugando lo que hará durante todo un año de su vida. Ahí es na.

Y aquí es donde entra otro tuitero. Aprovecho para añadir que yo a toda esta gente no la conozco de nada… de nada más que de tuitear juntos durante un par de años. Pero como decía, llega @SithDown, quien, tomando un idea (dicha medio en broma) de @Doble_Malta, se lanza y crea la página web Matriculemos a @SnowFey.

En esta página puedes comprar todas las cosas que Snow está vendiendo, pero también puedes donar dinero desinteresadamente – o interesadamente si tienes interés en que Snow se matricule en Periodismo, como es mi caso.

Al principio yo no creía que fuera a funcionar, pero @SnowFey es una persona muy querida en las redes sociales. Hace unos chistes muy divertidos en Twitter, comenta cosas muy amorosas en Facebook y se ríe de cualquier tema en su blos. Pero lo hace todo con tanta naturalidad que te parece que la conoces, que es una personita real… Y al final, resulta que la gente, la gente que no te conoce de nada, puede dar la cara. Eso me ha devuelto mucha fe en el mundo.

Ya va por la mitad de su meta y sería genial que la lograse. No sólo por ella, sino por el mundo en el que vivimos.

Yo de mayor quiero ser tan buena gente como @SithDown, o tan querido como @SnowFey, o tan divertido y sabio como @Eriborn (si, de éste no he hablado hasta ahora, pero es que estoy enganchado a su canal filológico de YouTube).

Yo de mayor quiero ser como tú, que has llegado hasta el final del post y estás planteándote meter un pequeño donativo en Matriculemos a @SnowFey.

Yo de mayor quiero ser todos vosotros.

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Erasmus to Earth

It’s Saturday evening and everything is busy in the 6th floor of Baltija Students Dormitory. Klaudia is going out with the girls. They are all dressed up and smelling like raspberry perfume. Fabrizio and Vincent are cleaning their room and the only way they know for doing it is with music: an elegant selection of reggae classics welling from the worst laptop speakers ever. I know that Barby, Toms and some Turkish are going ice-skating, they talked about it in the kitchen, and someone told me that Hana has an important exam on Monday, so she’ll stay in her room trying to pass over the gibberish in the corridor.

 

Everybody seems to agree on one thing: the Erasmus period is an amazing time, but each person will give you a different reason when asked.

For example, parting. Erasmus and parties are two words that are strongly bonded. And it’s true. People can knock your door at any time to come up with a party plan. And I must say I have accepted many times. Going to Zero Club for drinking cloying mojitos and listening cloying dance. Slipping into an abandoned building to make a barbecue. Or just staying in the grubby kitchen drinking too much beer for a Tuesday.

It can also be the time of your life because it’s a great moment to learn about anything. If you are lucky you can get one of those teachers that open your mind with every word, those who you will always remember. If you pay attention, you can learn about the culture, the language, the people or even the gastronomy of this country.

Or maybe it’s just great thanks to the people you are sharing this experience with. For sure you will make some new friends. Maybe one or two good friends that will remain after this crazy year. Some of us will have sex. Some of us will fall in love. And, unfortunately, some of us will be loved back.

All these explanations are good. But there is something behind all of them. And it is that you will only be here for four, six or nine months, and you will never come back.

I’m not saying that you can’t come here later. I’m sure that most of us will return to Lithuania sooner or later. But it won’t be the same, because the situation won’t be the same, the people won’t be the same and ourselves won’t be the same.

One of the most beautiful thinsg I haver ever seen was the graveyard during the evening of the 1st of November. The crowded silence among an ocean of candles floating in the darkness was an startling view that I will never forget. And of course I will be here during a long time, there are a lot of months left until I’ll leave this city definitely. But I won’t be here the next 1st of November. I won’t be here the next autumn.

This feeling, this disturbing sensation that everything is fleeting and passing away is what rules my world now. Every time someone comes and invites me to somewhere or proposes to do something, I always say yes, because you never know what experience will change your life forever, you never know where you can meet your soul mate, and you can not decide which one is the best mojito in the city if you haven’t tried them all.

For me, this is the most interesting thing about my Erasmus period. And I usually wonder if I will keep this philosophy when I will be back in Spain. Let’s be realistic: probably I won’t. Nonetheless I should carry on this way of taking decisions, because it’s true that I’ll be only once living this period in Kaunas. But the fact remains that I’ll be only once living this period on Earth.

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