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En Arrival triunfa el HAMOR

Un día más, os traigo una crítica cinematográfica fresquita y divertida. Esta vez la película no era tan mala como las otras en las que he contado cómo triunfa el HAMOR, pero me ha parecido que por sus clichés y sus frases a bulto, podía ser buen material. Os dejo con ella.

ESPÓILERES DESDE YA.

arrival

Languages from otter space

Estamos ante una cinta aclamada por la crítica y el público que además tiene unos extraterrestres muy bonitos de ver. Revisa uno de los temas clásicos de la ciencia ficción: los marcianos, y un tema tratado en clásicos de cualquier género como es el hamor. Además está protagonizada por una traductora y eso va a hacer que nos interese mucho porque van a salir cosas de las lenguas y de la lingüística, una ciencia con poca tradición cinematográfica (excepto en películas como Lost in Translation, La lengua de las mariposas y Ocho Apellidos Vascos).

La película nos presenta a la doctora Louise Banks, interpretada por Lois Lane, que es profesora de universidad y está maciza y gracias a unos fláshbackes vemos que tiene un pasado muy tormentoso y de cámara en mano en el que se le murió una hija que tenía de una enfermedad muy rara. Y da mucha pena porque se querían mucho y se hacían cosquillas.

El filme filme empieza con la Doctora Banks que va a dar una clase de cómo nace el Portugués (la lengua, no el señor de Portugal, que nace normal como tú y como yo), pero ese día, por lo que sea, pues muchos de los estudiantes de filología portuguesa de Wisconsin se han pirado la clase. Enseguida vemos que no es porque sean unos vagos, es porque han llegado a la Tierra unos ocnis extraterrestres. Al final la Doctora Banks no les pone falta ni nada porque es comprensiva y porque han venido los ocnis.

Y aquí viene una de las grandes cualidades de la película: los ocnis no vienen solo a Washington DC a la Casa Blanca, sino que antes de venir se han metido en Trip Advisor y se han informado y han puesto naves en varios países. Y en Estados Unidos ha caído una en Wisconsin (o un sitio que suena parecido así a agrario y a rural).

La madre de la Doctora Banks la llama para ver si está bien, porque ya sabemos cómo es una madre. Que si esta niña no me come, que no se me abriga, que no me sobrevive las invasiones ocnis

A pesar de todo, la vida sigue y la Doctora Banks tiene que volver al día siguiente a la universidad a su despacho a hacer sus cosas de profesora y es entonces cuando aparece el Coronel Weber, que es el típico militar americano muy resolutivo y un poquito belicoso que no es muy brillante pero que tiene buen corazón. El Coronel Weber llega y le dice:

—Tradúceme esto.

Y le da una grabación de las voces de los extraterrestres que son un poco como cantos de ballena de ultratumba.

—Lo siento, pero no sé lo que dicen.

—¿Cómo es eso posible? El otro día le dimos una grabación en farsi y usted supo traducirla.

—Claro, pero es que soy licenciada en filología farsi, pero del lenguaje de los alienígenas no sé nada, no tengo ni el First.

—No entiendo lo que quiere decirme.

—Pues que para traducir de un idioma, primero hay que conocer ese idioma.

—¿Qué insinúa, doctora?

—Que uno no puede traducir una lengua que no conoce.

—¡Déjese de tecnicismos y dígame por qué no quiere ayudarnos!

—Primero tendría que aprender su lengua, y luego podría traducirla.

—Doctora Banks, explíquese.

Y están así un rato largo y los espectadores ya vemos que el Coronel Weber listo listo lo que se dice listo no es. También vemos que la Doctora Banks, sin en cambio, es muy espabilada, que sabe portugués y farsi, algo poco común entre las americanas tan macizas como ella.

Al final, el Coronel Weber le pregunta:

—Vamos a ver si me aclaro, lo que usted dice es, corríjame si me equivoco, que para traducir esto, tendría que aprender su lengua, ¿no?

—Así es.

—¡Pues apréndala!

—¡No puedo!

—¡ES UNA ORDEN!

—Tendría que ir allí y estar con ellos, porque no hay cursos CCC de lengua alienígena.

—LE DIGO QUE LA APRENDA.

—Para eso tendría que ir allí y estar con ellos.

—DIANTRES, DOCTORA BANKS, LE REPITO QUE LA APRENDA

—Y yo le digo que tendría que ir allí y estar con ellos.

—Doctora Banks, me da la impresión de que usted lo que quiere es ir allí y estar con ellos.

—Exacto.

—¡Nunca lo permitiré!

—¿Por qué?

—Porque soy un militar y tengo mis motivos.

—Como vea.

—Vamos a ir a buscar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es un rival suyo, Doctora Banks, y él hará el trabajo.

—Pues muy bien. Vayan a buscar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es un rival mío, por mí perfecto. Ya nos veremos, señor militar.

—Ya nos veremos, señora traductora maciza.

Y según se está yendo el Coronel Weber, la Doctora Banks le dice:

—¡Espere! Antes de contratar al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival mío, pregúntele cómo se dice «guerra» en sánscrito y qué significa.

Fijaos qué lista es, que habla portugués, farsi y sánscrito. ¿Qué habrá querido decir con esto? ¿A qué está jugando la Doctora Banks? Lo veremos en la siguiente escena.

Ya es de noche y la Doctora Banks está en su casa. Vemos que tiene una casa enorme para los estándares de profesores de Filología Portuguesa en Wisconsin, de lo que se infiere que en su día ganó un sueldo de Nescafé. La vemos en ropa de andar por casa, comiendo porquerías y viendo la tele (normal que su madre se preocupe) y estando ya dormida, la despierta un ruido atronador de helicópteros panter scout explorer ranger con unos focos enormes que irrumpen de pronto en el jardín de su casa. Que menos mal que vive apartadita en el campo, que si no, menuda escandalera para los vecinos que muchos se tienen que levantar pronto que también tienen vidas (pero están contadas en otras películas, no en esta, esta va de la Doctora Banks y los ocnis).

Entonces la Doctora Banks se pone la bata y sale a ver qué pasa y es el Coronel Weber que viene a buscarla para llevársela:

—A ver, que a final sí que te llevamos al ocni.

—Anda, ¿y eso?

—Pues que le hemos preguntado al segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival suyo, lo de la palabra «guerra» en sánscrito.

Aquí, si fueran fieles a lo que dijo la doctora, la conversación seguiría así:

—¿Y cómo os ha dicho el segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival mío, que se dice «guerra» en sánscrito?

—युद्ध.

—¿Y cuál ha dicho que es su traducción?

—«Guerra», obviamente.

Pero esta escena así habría sido una perogrullada, así que los guionistas, que no son tontos, la han hecho de esta otra forma mucho más dinámica:

—¿Y cómo os ha dicho el segundo mejor traductor de los estados Unidos, que es rival mío, que se dice «guerra» en sánscrito?

—Dice que la palabra es «desacuerdo». ¿Cuál es su respuesta, Doctora Banks?

—«Ansia viva de tener más vacas».

—Pues le voy a ser sincero, Doctora, me gusta más la traducción del segundo mejor traductor de los Estados Unidos, que es rival suyo, pero ya hemos venido hasta aquí con los helicópteros thunder black hawk tiger launcher y los focos y toda la pesca y ya nos la llevamos a usted. Que también, ahora que lo pienso, tendríamos que haberle preguntado a usted por whatsapp o algo que cuál era su respuesta. Nos hemos precipitado. Vístase, que nos la llevamos al ocni.

Así que la Doctora Banks se sube al helicóptero y ahí conoce a un científico, que lo llevan también al ocni para que aporte su visión científica del asunto. Además, como es científico de ciencias de verdad, se mete un poco con la Doctora Banks que es traductora, pero la Doctora Banks le pega un zasca y el científico acaba diciendo:

—Vaya, enfoca usted la lengua como si fueran matemáticas.

Y ella, en vez de decirle «Pues claro, hijo, bienvenido al siglo XXI donde la lingüística es una ciencia, inculto insolente», pues le sonríe un poco y se hace la coqueta, porque en el fondo se gustan y ya hay una semilla de romance plantada.

A partir de aquí los acontecimientos de precipitan. Llegan a la base militar que tienen montada al lado del ocni. Ahí en la base están conectados por skype con las otras bases del mundo donde hay más ocnis y tienen una pantalla grande donde pone «Rusia», «Pakistán», «China», «Sudán», etc. Y ahí se ven todos los skypes que están haciendo a la vez. Recordemos que eso es en mitad del prao en Wisconsin y anda que no les va bien el wifi.

Un ratito después les ponen unos trajes de cocinar meta y les meten en el ocni y allí se ven cara a cara con los extraterrestres que son como pulpos muy grandes de siete patas y que fuman mucho, porque la zona donde están tiene una niebla espesa así como de Lluvia de Estrellas. Yo estuve toda la película esperando que se metieran para atrás y salieran transformados en octópodos famosos, como el Doctor Octopus, el Pulpo Paul o el Pulpo A Feira.

Intentan hablar con los pulpetes, pero no se entienden, como ya había predicho la Doctora Banks y aquí viene su primera gran revelación. ¿Y si los alienígenas no tienen un lenguaje sonoro sino visual? Ahí se caen todos de la silla porque ven que es muy inteligente y que piensa fuera de la caja y bajan al chino en un periquete y le compran una pizarra para enseñarles a comunicarse por escrito. Los pulpetes, por su parte, se comunican dibujando cercos de café, como el que se queda en la mesa cuando se derrama un poco.

Entonces la Doctora Banks escribe su nombre en la pizarra: «Louise» y se da en el pecho, como diciendo «así me llamo yo» y como todo el mundo sabe, un golpe en el pecho es el gesto intergaláctico de «así me llamo yo». Lo entienden los chinos, lo entiende Tarzán y lo entiende ese gorila tan listo de la película Congo, así que, ¿cómo no lo va a entender el pulpete? Y en efecto, lo entiende y ahí empiezan a comunicarse unos y otros.

Aunque esto es muy impresionante, el Coronel Weber no lo entiende (recordemos que tenía el conocimiento justo para pasar el día) y se enfada y le dice a la Doctora Banks:

—Doctora Banks, les está enseñando palabras de primaria: «Persona», «caminar», «día»… ¿Qué pretende?

—Hay que empezar por palabras sencillas, para luego ir avanzando.

—No me confunda, Doctora Banks.

—Primero les enseñamos conceptos simples y después los complicamos poco a poco.

—Deje de lado su jerga científica, Doctora Banks, y hable claro.

—Digo que por algún sitio hay que empezar. No podemos enseñarles lo primero «resiliencia», «carbonara» y «backstage».

—Doctora Banks, está agotando mi paciencia, dígame por qué no saben ya hablar con ellos.

—Estamos aprendiendo poquito a poco.

—Vaya al grano, Doctora Banks o le monto un consejo de guerra.

En fin, que, a pesar de lo contumaz que es este hombre, la investigación sigue adelante y descubren algo muy importante acerca de la escritura de cercos de café de los alienígenas. Esta conversación que reproduzco a continuación ya no es con el Coronel Weber, es con otra mujer que anda por ahí y que sí entiende un poco de qué va la cosa:

—Hola, Doctora Banks.

—Hola, mujer que andas por aquí, que no eres el coronel Weber y que sí que entiendes un poco de qué va la cosa.

—¿Qué has descubierto?

—Una cosa muy importante. Al contrario de los lenguajes humanos, los símbolos de su escritura no representan sonidos, sino ideas.

—Pero, Doctora Banks…

—¿Qué?

—Eso lo hacen varias escrituras humanas, como la china, la japonesa, y en su momento otras escrituras de la América precolombina.

—QUÉ DIRÁS.

—A ver, Doctora Banks, eso no es nada nuevo, y mucho menos alienígena, no me diga que ha estado todos estos días yendo usted al ocni para aprender esto tres meses después… Podría haber ido yo y lo habría descubierto mucho antes. Tan lista y tan maciza que es usted, ¿y no sabe nada de la lengua china?

Pues mira, ya tiene bastante la mujer con haber aprendido portugués, farsi y sánscrito. Además que está enamorándose un poco del otro científico que no ayuda mucho en la trama pero que no está nada mal para su edad.

Poco a poco, van descubriendo más cosas de la lengua de los extraterrestres y por fin les preguntan «¿A qué habéis venido al a Tierra?» y ellos contestan haciéndose un poco los misteriosos con cosas como «No hay tiempo. Muchos se convierten en uno. Usar arma.» y eso pone nerviosas a las naciones. Aquí vemos que los seres humanos somos muy mala gente y siempre pensamos lo peor de las personas alienígenas. Y todas las naciones que estaban colaborando por skype empiezan a desconectarse porque quieren el arma para sí mismas o porque quieren atacar los ocnis o algo así, porque ya no me acuerdo bien.

El país más malo, como en tantas otras películas, es China, que tiene también un coronel muy estricto y se ve que más o menos igual de espabilado que el de Estados Unidos. Los de la base de Wisconsin se hacen con una grabación suya dando unas órdenes chinas. Y como los chinos se han desconectado del skype, pues no saben qué querrá decir y se ven obligados a ir al cuarto de la Doctora Banks que estaba ella ahí echada, entretenida con sus lóbregas pesadillas y recuerdos tormentosos del pasado y la sacan para que traduzca del chino.

Ja. O sea que sí que sabía chino. Pues no sé si esto la hace más lista aún, porque ya habla portugués, farsi, sánscrito y chino (nunca quiso especializarse en una familia de lenguas en concreto) o si la hace más tonta por no haber pensado antes en los ideogramas. En cualquier caso, la mujer traduce lo que dice el coronel chino y es algo así como que «venga vamos a matar el ocni que ya se me ha acabado la paciencia».

Entonces se preocupan mucho. Pero tampoco sé muy bien por qué, porque el Coronel Weber también es partidario de darles cera.

—A lo mejor vamos a bombardear el ocni, Doctora Banks.

—Ay, no, no lo bombardeéis.

—Lo bombardearemos. Han dicho la palabra «arma».

—Pero es que, por la información que tenemos acerca de su lengua, no sabemos si la palabra fue «arma» o  «herramienta» o «almendruco» o «Cincinati».

—No me líe, Doctora Banks.

—Yo creo que son gente maja.

—Ya está usando sus términos especializados, Doctora Banks.

—Por favor, no los bombardeéis.

—No entiendo adónde quiere llegar, Doctora Banks.

—¡Son buenos!

—¿Qué pretende, Doctora Banks?

—¡Que no los bombardeéis!

La cosa está muy tensa, pero de repente la Doctora Banks se da cuenta de que ya tiene el First de la lengua alienígena y empieza a pensar como ellos, con ideogramas de cercos de café, que son atemporales (o pantemporales, según se mire). Y entonces le viene la iluminación: el tiempo no existe y todos los instantes son simultáneos. Lo cual viene muy bien para saber lo que va a pasar. Y les pregunta a los pulpetes:

—¿Cómo es que nos dais esta herramienta tan cojonuda, que podemos ver el futuro con ella?

—Porque, como tú bien dices, nosotros, que vemos el futuro, sabemos que dentro de tres mil años, sí sí, tres mil años la humanidad nos va a ayudar con una cosa. Nos vais a sacar las castañas del fuego. Y nosotros pues os ayudamos también ahora.

—Mira qué bien.

Y efectivamente, la Doctora Banks se ve de pronto en el futuro en una recepción Ferrero Rocher del embajador que va monísima ella que se celebra en su honor por haber salvado a la humanidad. Esto se llama un flashforward, que es como un flashback pero del futuro. Allí se encuentra con el Coronel Chino que parece que entra fuerte, que va a trochón ahí a tirarle los tejos a la traductora maciza, porque apenas cruzan dos palabras y ya le está dando su número de teléfono personal. Pero no está interesado en ella de esa forma. Qué malpensados somos.

Salimos del flashforward y volvemos al presente y vemos que la Doctora Banks recuerda el número del chino y le llama por teléfono. Y sí, habla chino muy fluido. Y le dice:

—Oye, chino, no bombardear nada, eh.

—¿Quién es? ¿Qué horas son estas de llamar a una casa?

—No bombardear, mecagüendiós.

—Estamos contentos con nuestra compañía, gracias.

—Soy la Doctora Banks, traductora de lenguas peregrinas por la universidad de Wisconsin y maciza cásual.

—No conozco a ninguna Doctora Banks. Es más, ahora mismo estoy ocupado con bombardear un ocni y solo haré caso a las personas que me digan frases de las que me dijo mi difunta mujer en su lecho de muerte.

Entonces vemos otro flashforward de la fiesta del futuro con el chino dándole la chapa a la Doctora Banks con frases de su mujer moribunda. Y al verlas en el futuro, pues se las dice en el presente.

—Hostia, pues ya no voy a bombardear nada. Gracias por llamar, Doctora Banks.

Y la Doctora Banks le dice al Coronel Weber:

—Que los chinos no van a bombardear su ocni.

—Ah, pues nosotros tampoco bombardearemos el nuestro.

Al darse cuenta de su nuevo poder, la Doctora Banks podría haber ido a cantarles las cuarenta a los pulpetes, porque ella podía ir al futuro y aprender cosas de él, pero los jetas de los marcianos no se molestaron en pasarles a los humanos una lista de vocabulario de su idioma, que hubiera sido lo suyo. En vez de eso, les tienen allí días y días haciendo el canelo, porque mira que hacen el canelo, para aprender su lengua. Que ya no digo que vayan a dentro de tres mil años cuando ambas razas son BFFs y se comunican guay sin problemas, que solo tenían que haber ido unos meses al futuro cuando la Doctora Banks ya sabe comunicarse. Luego dicen que los españoles somos vagos, pero los marcianos a veces también. Pero la doctora Banks es un cacho pan y piensa, oye, pues que me quiten lo bailao, ya son ganas de crear mal rollo. Y no les dice nada.

Y se salvan todos y los ocnis se van y la Doctora Banks se enrolla con el científico que al final pues sí que la había ayudado en algunos momentos, también hay que reconocérselo al hombre. Y con él tiene una hija, que es la hija que vimos antes en unos fláshbackes pero que no eran fláshbackes sino flasfórwardes. Este es el giro bueno de la trama. Y vemos que, aun sabiendo la Doctora Banks que su hijita iba a morir de una extraña enfermedad, la tuvo igualmente. Y la quiso. E hicieron dibujos juntas. Y la amó durante los años que vivió. Porque aunque hayan venido los ocnis, lo importante es la familia y hacer dibujos con tu hija.

La películas es una profunda reflexión sobre lo que es ser madre y traductora y sobre la importancia del wifi en las áreas rurales.

Lo mejor: Cómo están hechos los marcianos y los ocnis.

Lo peor: Que los ocnis se vayan a la francesa.

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