Qué barato es ser rico

Hace poco he empezado en un nuevo trabajo. En uno de verdad. En una oficina, haciendo cosas “de lo mío”, con una silla con ruedas y un cajón con carpetas colgantes. Es la primera vez que no soy camarero ni profe particular ni chico de prácticas. Y he tenido un pensamiento: Qué barato es ser rico.

Nutirapoly!

Desde luego que yo no soy rico. Ni mis papás van a dejarme una suculenta herencia, ni mi sueldo ahora mismo es para tirar cohetes, pero sí que soy más rico que antes. Todo empezó la mañana en que me acerqué a la máquina expendedora que hay junto a las escaleras. En ella, las botellitas de agua cuestan 40 céntimos, las de cocacola, 55, y los sándwiches, un euro. Sí, no es que sea ninguna ganga, pero me sorprendió que fueran precios razonables.

Es curioso que siendo estudiante tuviera que pagar un euro y pico en la máquina de la facultad por un nestea, y ahora, que gano dinero, me lo rebajen a la mitad. Vaya ironía, ¿no? Pues no tanto, si seguimos subiendo en la pirámide social, nos encontramos con el Rey, que me imagino que le inviten a nesteas vaya adónde vaya. Y por debajo de Sumaje, encontraríamos a empresarios que trabajan en sitios geniales, donde siempre tienen nesteas en una neverita, que se va rellenando con dinero de la empresa sin que ellos sepan muy bien quién los compra ni quién los pone ahí.

Por esos días también me estaba planteando yo apuntarme a una academia para aprender francés. Encontré una en el centro bastante barata, con clases semanales que se pagaba mes a mes, pero que, si lo pagabas todo de un tirón, podías ahorrarte hasta un 50%. Ahora tengo un sueldo, sí, no soy tan pobre como cuando era camarero los fines de semana, pero no puedo pagar todo ese dinero de golpe, aunque sea para ahorrarme la mitad. Si alguien puede pagarlo es que gana bastante más dinero que yo, y, sin embargo, la rebaja es para él. Qué barato es ser rico. Hay que ganar bastante más dinero para poder permitirse pagar la mitad.

¿Habéis oído eso de que un coche nuevo pierde el 18% de su valor nada más salir del concesionario? Pues bien, eso sólo se aplica a los coches de pobres: a mi Citroën Saxo modelo industrial, o al Kia Joice de mi madre. Los coches deportivos y de lujo van aumentando su valor según pasa el tiempo, y pasan de ser novedades a antigüedades. Si yo quisiera vender ahora el Saxo, no sé si me darían 200 euros. Vamos, que aquí se cumple lo de que le llenas el depósito y doblas su valor. Pero si fuera rico y mi Citroën fuese un Lamborgini, ya añejo de 20 años, podría venderlo por más precio y gastarme los beneficios en una langosta de oro (o en lo que sea que se gasten los ricos sus dineros).

Es muy difícil salir de la riqueza. Muy -pero que muy- mal te lo tienes que montar para arruinarte. O esa sensación me da, a mí que siempre he sido de clase media-tonta. Y ésta es la visión que tengo yo, que no sé nada del mundo, y que sólo rasco un poco la superficie. En el fondo en la estructura profunda de este sistema, supongo que es donde está el verdadero problema. De ahí aflora lo de la deuda privada convertida en deuda pública para que todos los pobres podamos pagar las cagadas de los ricos, para mantener el statu quo.

Hay que hacer todo lo posible por mantener baratas las cosas de los ricos.

Llámenme comunista. Llámenme lo que quieran. Pero que esto sea así es una canallada.

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