Monthly Archives: April 2012

Entrevistilla a Raquel Sastre

Raquel Sastre es cómica, es murciana y es muy divertida. Y poco más necesitas saber. Pasó por Paramount Comedy y ahora es guionista en El Hormiguero. Ah, y ha sido muy amable al concederle a esta humilde nutria marina una pequeña entrevista para el blog.

Es @RaquelSastreCom en Twitter.


¿A qué te dedicas? ¿Eres funcionaria, bibliotecaria, humorista, guionista, cómica, monologuista…?

Básicamente a no estrellarme con el coche, porque lo compagino todo.

¿Qué es lo peor y lo mejor de tu trabajo?

Lo mejor, hacer reír a la gente (eufemismo de la pasta que se cobra) y lo peor, que estás cada día en una ciudad distinta (eufemismo de la pasta que te gastas en diésel).

¿Crees que la televisión es “la caja tonta”? ¿Crees que es correcto hablar de telebasura?

La caja tonta es la del banco, que le metes una tarjeta de plástico y te da tu tarjeta y dinero de verdad. La telebasura no sé si existe porque nunca he visto Sálvame.

¿Qué es el humor? ¿Qué es lo que hace gracia? ¿Existe una técnica para fabricar chistes o es pura inspiración?

El humor y la gracia es lo que siente una persona cuando lee o escucha un chiste y se ríe. Y gracia hace todo. Seguro que en algún lugar del mundo, alguien se ha reído con una serie de Resines. En cuanto a cómo escribir, es aplicar la técnica a la inspiración. 

¿Cuánto hay de ti en tus monólogos? ¿Cuando acabas tú y empieza tu personaje? ¿Alguna vez alguien se ha tomado en serio una broma que has hecho durante un monólogo?

De mí no hay nada, aún no escribo con mi sangre.

El personaje es sólo eso, un personaje, y normalmente no se lo toman en serio; y si se ofenden por un chiste, dos males tienen: enfadarse y enfadarse más aún cuando ven que no me importa.

¿Tiene límites el humor? ¿Qué opinas de ser políticamente correcta? ¿Has sufrido mucha censura? ¿Se puede uno reír de cualquier cosa? ¿Tu humor es igual en el escenario que luego en privado con tus amigos?

El límite al humor lo pone cada persona sobre sí misma. A uno le puede horrorizar un chiste sobre alguien muerto y otro partirse de la risa con el mismo chiste. Yo normalmente tengo un límite muy alto, así que escribo en consonancia.

En cuanto a la censura… ¿Has oído muchos chistes de hipotecas, bancos o Botín?

Creo que te puedes reír de cualquier cosa, aunque hay que ser consciente del público con el que tratas en cada ocasión. En privado suelo ser más permisiva con la auto limitación y los chistes son más bestias.

¿Cuáles son tus referentes a la hora de ponerte a escribir? ¿Quién es tu humorista favorito? ¿Quién te ha hecho reír más?

Uff! Humorista favorito no tengo, pero sí varios que me gustan mucho. Como los típicos españoles ya están muy dichos, (GoyoChanantes, etc) paso a otros menos famosos: Luis ÁlvaroIgnatiusVaqueroÁlex Clavero… Pero el cómico que más risa me hace es Federico Jiménez Losantos.

¿Qué hay de cierto en que hueles bien en las distancias cortas?

Totalmente falso. A no ser que te guste el rodaballCORTEN CORTEN CORTEN LA EMISIÓN…

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¡¡Nietzsche te ocurra!!

Hace más de cien años que murió Nietzsche y todavía no lo hemos superado. Su mano muerta, al estilo Seldon, sigue guiando nuestra pasmada existencia. Si un iPod está anticuado tras unos meses, ¿por qué persisten hoy en día las ideas filosóficas del siglo XIX? ¿Acaso no son un bien de consumo más para usar y tirar? El reto de superar a Nietzsche (en el sentido traumático de la palabra) puede que no sea un reto filosófico, sino audiovisual.

Me considero un amante de la filosofía y un odiante de los filósofos. Puedes toparte con honrosas excepciones fáciles de leer y de entender, pero el buen material está en manos de señores muy aburridos que escribían para sí mismos en el mejor de los casos y para nadie en absoluto en el peor.

Así que si algo sé de Nietzsche es porque tuve buenas profesoras de Filosofía en el instituto, porque si fuera por su Zaratustra (mi eterno libro “a medias”), estaría jodido. Por cierto, que si Disney adaptó a Shakespeare, podría probar con Friedrich, Also Sprach está lleno de animales que hablan.

De entre todo lo que se dice en ese libro vamos a recordar los tres estadios por los que pasa el espíritu del hombre: el camello, el león y el niño. Somos camellos cuando somos dóciles y asumimos los valores heredados sin cuestionarlos. Somos leones cuando nos revelamos contra esos valores, los negamos y los combatimos. Somos niños cuando aprendemos a alcanzar el equilibrio (¡Aristóteles!) y sabemos vivir con una relación sana con el entorno y creamos nuestros propios valores.

Esta división ternaria no es sólo aplicable al espíritu individual. Nietzsche se refería con ella a la propia historia de la humanidad y del conocimiento humano. Sin embargo, esta fórmula resulta mágica también en el audiovisual.

Entre la gente de mi edad, nacidos a finales de los 80, es fácil encontrar a alguien cuya película favorita sea El Club de la Lucha. Y es de dominio público en las esferas resabidillas que El Club de la Lucha es una película nietzschiana. ¡Ojo, a partir de aquí, llueven los espóilers!

En El Club de la Lucha, el Narrador es presentado como camello en el primer acto, como león en el segundo, y como niño al final. De hecho, la diferenciación no podría ser más obvia. El Narrador es el camello, Tyler es el león y ambos, el niño. El paralelismo con Also Sprach es muy exacto. Mientras que volar tu propio piso es hundirte en tu ocaso, acabar con la relación de créditos es hundir en en su ocaso a toda la humanidad.

Es decir, la fórmula de Nietzsche (una vez destilada de su libro) produce clásicos modernos. ¿Por qué? Porque esa weltanschauung conmueve los corazoncitos de los espectadores. Es como una proteína que encaja perfectamente en los receptores. Las ideas de Nietzsche están, pues, de rabiosa actualidad.

Otro ejemplo precioso es American Beauty (curiosamente, del 99, como Fight Club). En ella, Lester es un camello en el primer acto, cuando se encapricha de Ángela pasa a ser un león, y cuando en el último acto la rechaza se convierte en niño.

Rebelarse contra la sociedad no es suficiente. Una película con ese contenido se queda en la fase del león. Para ser nietzschiana se necesita que en el tercer acto se alcance el niño sí o sí. Así que, por ejemplo, podemos esperar que Walter de Breaking Bad, si se ha convertido en león en el episodio piloto, llegue a niño en el último.

No es más que eso. El compás ternario que marcó Friedrich es una fórmula que funciona. Engancha a la gente porque (se ve que) el mundo no ha cambiado en los últimos 150 años. Sus creadores (directores, guionistas e incluso sus intérpretes) son los hijos de la Generación X y es a ellos a quienes van dirigidas en principio. Los jóvenes de ahora que dicen que Fight Club es su película favorita están ensalzando una obra artística creada por la generación de sus padres, para la generación de sus padres, a través de la filosofía de sus tatarabuelos.

La postmodernidad se nos ha hecho bola, señores. Las piezas narrativas que pueden contener trazas de Nietzsche son demasiadas (al menos sí en el caso de los tres estadios del espíritu).

Tarde o temprano alguien hará una película de éxito con trasfondo filosófico y al levantarle las faldas no encontraremos ni rastro de Nietzsche. Ése día habrá muerto la postmodernidad. Ése día habremos acabado con Nietzsche. La muerte de Nietzsche, no de Dios, y a manos del audiovisual, no del superhombre.

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La ciencia y la ficción

En el mundo de la ciencia ficción (como en el mundo del turrón) existen dos géneros principales: el duro y el blando, dependiendo de la importancia que tenga o no la ciencia propiamente dicha en el desarrollo de la narración.

De hecho, el término ciencia ficción es un calco horroroso de inglés science fiction, cuya traducción es ficción científica, o fantaciencia, si queremos, al itálico modo.

Y todo tiene su por qué. Es ficción científica porque en ella la ciencia tiene un papel crucial. Una buena historia de ficción científica dura debe contener una premisa (como por ejemplo que se puede viajar en el tiempo, que hemos contactado con una raza extraterrestre, que los robots son tan perfectos que parecen humanos…) y una resolución, que viene dada por las consecuencias lógicas de la premisa. Es más, la resolución debe poder inferirse de la premisa, pero no puede ser tan obvia que no sorprenda al lector. Así funciona la ficción científica dura.

[Aunque hay grandes obras de ficción científica blanda, como El Quinto Elemento, hoy nos centraremos más en la ficción científica dura. Y sí, de aquí en adelante voy a usar ficción científica en lugar de ciencia ficción.]

Pero concretando un poquito más podríamos hablar de ficciones científicas de las distintas ciencias. Por ejemplo, la ficción física. La ficción física es la ficción científica más popular. En ella se proponen premisas que cambian la física tan y como la conocemos. Dos ejemplos paradigmáticos de ficción científica son Regreso al Futuro (1985) de Robert Zemeckis (donde la premisa es que se puede viajar en el tiempo) y  Star Trek (1966-69) (cuya premisa es que las naves espaciales puedan hacer viajes interestelares).

Otra ficción científica muy popular es la ficción biológica. En DuneLa Voz de los Muertos o Parque Jurásico (1993), los autores crean ecosistemas completos donde se desarrolla la acción, pero estos ecosistemas no son sólo el contexto en el que se desenvuelven los protagonistas, sino que son los propios protagonistas.

Muy relacionada con la ficción física está la ficción técnica, muy golosa en nuestros días. La encontramos en series como Bones (2005-) o Vigilados (2011), pero se cultivaba desde hace tiempo con clásicos como Veinte mil leguas de viaje submarino de Verne.

Ahora que estamos metidos en harina, la pregunta es: ¿Existe una ficción científica para cada rama del conocimiento? En otras palabras: ¿Se puede hacer ciencia ficción de cualquier ciencia?

Parece que sí. El Hombre Terminal de Michael Crichton es una excelente obra de ficción médica, incluso psiquiátrica, pero también es ficción médica Frankenstein o el moderno Prometeo. El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde es ficción química (orgánica, claro) y Matrix (1999) es ficción informática.

Hasta ciencias tan poco glamurosas como la estadística han dado a luz obras geniales, como la Fundación de Asimov, que es ficción matemática, estadística y psicológica, pero si hay que elegir una, me quedo con ficción estadística.

Para forzar un poco más la maquinaria, sacudamos ahora al concepto de ciencia. Normalmente entendemos por ciencia aquellas áreas de estudio relacionadas con la observación empírica de la naturaleza. Sin embargo, se habla de la ciencia de la Historia o la ciencia del Derecho.

¿Existe la ciencia ficción legislativa? ¿Hay ficciones científicas (ahora sí) para cada ámbito del saber humano? Recordemos las características de la ciencia ficción: una premisa posible y una resolución que se derive de ella.

La lotería de Babilonia de Borges cumple los requisitos para ser una ficción legislativa (“ciencia ficción” sobre el Derecho), pues en ella se describe una sociedad imaginada con unas leyes (he aquí las premisas) de las cuales se derivan unas situaciones (he aquí la resolución) que el lector, aunque entiende que son su consecuencia lógica, no se espera.

Y si partimos de premisas históricas divertidas entramos en el terreno de ucronías y distopías, pero ojo, para que siga siendo ficción científica (al menos ficción científica dura), debe de mantener las leyes que hoy en día conocemos y aceptamos, para que la consecuencia lógica de la premisa sea eso: lógica. Es decir, la ciencia que se describe en la obra no puede estar tan alejada de la ciencia actual como para que el lector no entienda cómo se alcanza la resolución.

Sin embargo, hay ficciones históricas puras como Juego de Tronos (2011-) (también ficción geográfica en el sentido más amplio de la palabra), donde se plantean unas premisas históricas y se narran las consecuencias derivadas de ellas. De hecho, a George R. R. Martin le encantan las ciencias sociales, porque su relato Los Reyes de la Arena es ficción sociológica reducida a la esencia.

Yo qué sé. Anochecer de Robert Silverberg (e Isaac Asimov… que te lo venden como un featuring y en realidad es un remix infumable sobre un sample de Asimov) es ficción astronómica, casi ficción climatológica. También he leído algún relato en el que se descifran lenguas extraterrestres, eso es ficción lingüística. Mundo Anillo de Larry Niven es ficción arquitectónica… o más bien ficción de ingeniería.

Aunque es difícil decir que una obra pertenezca exclusivamente a un tipo de ficción científica, sí podemos encontrar una ciencia predominante.

También depende del momento histórico. Los miedos y temores a la ciencia y la tecnología (presentes desde siempre, véase Prometeo o el Árbol de la Ciencia) van cambiando con los siglos. En épocas pasadas la química podía parecer algo amenazante, la astronáutica asombraba (incluso la aeronáutica: Cinco Semanas en Globo) y la física nuclear era la excusa perfecta para crear súper héroes, puertas a otros mundos o motores potentísimos. Hoy en día tememos más a la informática y a la genética, por eso la ficción científica que más consumimos suele apoyarse en estas dos disciplinas: Héroes (2006-10)Kyle XY (2006-09), Moon (2009) (¡eh! Ésta es buenísima y aúna las dos cosas), Eva (2011), Distrito 9 (2009)

Tal vez el reto para los escritores ahora sea hacer un barrido exhaustivo por todas las ciencias y encontrar aquellas que todavía no se han usado en la fantaciencia. Venga, anímense a crear su propia obra de ficción sismológica, ficción lexicográfica o (¿por qué no?) la trepidante ficción biblioteconómica.

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Guten Tag, Question Tag!

Hay un concepto que aprendí en clase de inglés: las question tags. Seguro que os suenan. Sin traducción apropiada al castellano, son preguntas que se hacen al final de una afirmación para corroborarla. Por ejemplo:

You are in love, aren’t you? Que se traduciría muy correctamente como Estás enamorada, ¿no?

Así que podemos decir que en español también tenemos nuestras question tags, que siempre son “¿no?. Eso sí, en inglés es mucho más complejo, porque dependiendo de la frase, la question tag cambia.

Si es una frase negativa, la question tag ha de ser afirmativa:

You are not in love, are you? En español, esto nos da igual. Nuestra question tag no cambia. No estás enamorada, ¿no?

Y en alemán también, porque en esta lengua la question tag es invariable y siempre es oder? que significa exactamente ¿o?, como diciendo ¿o qué?, ¿o no?…

Du bist verliebt, oder? Pues eso, que no cambia si la frase es negativa. Du bist nicht verliebt, oder?

En inglés, al ser un verbo y un pronombre, las question tags varían dependiendo de muchos factores.

El otro día en clase de inglés alcancé algo así como el nirvana de las question tags. Estas cosas lingüísticamente me encantan. Me refiero a agarrar a la lengua por las solapas y hacer que suelte todo lo que tiene. Dejarla tiritando. Buscar los recovecos del lenguaje hasta que no quede nada de casuística por analizar. Poner al idioma contra las cuerdas y descubrir sus incongruencias.

Resulta que en inglés tenemos question tags para el imperativo. Do not fall in love again, will you?

E incluso para ese imperativo guarro de primera persona con Let’sLet’s fall in love with each other, shan’t we?

La primera frase se traduce como No te vuelvas a enamorar, y la segunda como Enamorémonos el uno del otro, pero las question tags en principio no las podemos traducir.

Si ponemos la question tag del castellano ¿no?, no tienen ningún sentido. No te vuelvas a enamorar, ¿no? Enamorémonos el uno del otro, ¿no?

Así que pensando un poco, tirando de la intuición lingüística mas profunda, he dado con la partícula que en español (al menos del español de España) se usa para las question tags de imperativo: ¿vale?

No te vuelvas a enamorar, ¿vale? Enamorémonos el uno del otro, ¿vale? Ay, no sé si es lo mismo, pero es lo más parecido que uno puede encontrar.

En cualquier caso, esto seguro que está ya estudiado, y gente que sabe más que yo ha dicho cosas más sensatas y más completas sobre el asunto, pero pensando en las question tags en español, me topé con una construcción muy chusca. Chusca porque es una frase normal con una cuestion tag asimilada dentro de sí mima.

Vamos a ver. Pongamos esta frase.

Estás enamorada.

Le añadimos una question tag española:

Estás enamorada, ¿no?

Y ahora las apretamos tanto que se confunden la una con la otra:

¿No estabas enamorada?

No podemos decir que esta frase sea completamente interrogativa. El emisor está casi seguro de que la receptora está enamorada, sólo tiene una pequeña duda, muy pequeña y quiere asegurarse. Exactamente como en el caso de la question tag básica.

Y es muy interesante, porque sólo vale con frases positivas. Si tú piensas que Juan tiene un perro pero empiezas a sospechar que no, puedes preguntar ¿Juan no tenía un perro? Y ese “no es simplemente una marca de question tag, no convierte a la frase en negativa. Sin embargo, si la situación es al revés, la cosa se complica. Supón que sabes que Juan no tiene ningún perro, es un dato sabido por todos, pero un día descubres en su casa una correa y pienso. No puedes preguntar ¿Juan no no tenía un perro? Y si dices ¿Juan tenía un perro? (convirtiendo la doble negación en un frase positiva, como te dice el sentido común) no hay nada que marque la question tag, no hay nada que indique tu nivel de seguridad acerca de lo que dices, parece que preguntas de nuevas y ¡no! ¡demontres! ¡Tú ya sabías que Juan no tenía ningún perro!

De hecho las question tags están de mierda hasta el cuello. Están metidas en un caso de curiosidad lingüística que llega hasta los pilares de la gramática.

¿A qué me refiero? A esa frase que no sé si considerarla enunciativa o interrogativa. La conclusión es que enunciativa e interrogativa no son dos valores absolutos y que, por lo tanto, existe un continuo entre estos dos extremos en el que podemos colocar varios tipos de oraciones que están a medio camino.

Partimos de la más enunciativa: Julieta está enamorada. Y llegamos hasta la más interrogativa: ¿Julieta está enamorada? Y entre ellas vamos a colocar varias frases que definen la actitud del hablante y delimitan con mucha precisión cómo de seguro está respecto a lo que pregunta.

1. Julieta está enamorada: seguro al 100%.

2. Julieta está enamorada, ¿no?: casi completamente seguro.

3. ¿A que Julieta está enamorada?: las tiene casi todas consigo. De hecho, mucha gente se pregunta (nos preguntamos) si este tipo de frases deben ir entre interrogaciones o no. Las oraciones que empiezan con “A que” tienen una entonación completamente distinta de una interrogativa al uso.

4. ¿Julieta no estaba enamorada?: estaba seguro, pero le ha surgido la duda.

5. Julieta estará enamorada: Hay probabilidades de que lo esté, pero no sabemos nada. Aquí el futuro simple no tiene nada de futuro. Se parece a un condicional, pero en realidad está asumiendo carga léxica de un “quizás” dentro de la propia forma verbal.

6. ¿Julieta está enamorada?: desconoce por completo si lo está o no.

Hace años leí sobre una lengua (amazónica, creo) en la que los verbos tenían una variación de modo que se correspondía a la certeza que el hablante tuviera acerca de los hechos que comentaba. Lamento muchísimo no poder dar con ella ahora mismo. El libro en que lo leí era prestado y tras horas de búsqueda no la he identificado. Si consigo encontrarla, editaré el post. En esta lengua había en torno a cinco niveles de certeza. Partiendo del “lo he experimentado en primera persona” hasta llegar al “hay rumores acerca de ello” pasando por el “hay evidencias de que ha sido” y el “me han dicho que así es”.

¿Cuántas más variaciones de modo podrían existir que no podemos ni imaginarnos? ¿Tal vez modos verbales que especifiquen a través de qué sentido hemos percibido la información (modo visual, auditivo, gustativo…)? ¿O quizá modos verbales que indiquen la aprobación del emisor hacia lo que dice, que midan la aceptación moral de lo que cuenta? ¿Y qué tal un modo verbal que indique el clima, el carácter confidencial de la información que se da o la intencionalidad (o no) de las acciones? La realidad, en cualquier caso, siempre supera a la ficción lingüística.

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